SELECCIÓN DE POEMAS

De Cenizas del mediodía (Praxis, México D.F., 2010).

 


Adiós a un sueño…


Adiós a un sueño, no se hace
en la piedra el Paraíso, no hay espacio para el fruto;
quién almorzará ahora si lo que irrumpe
es la noche, manteles sucios de ceniza.
Adiós al pan, al sabor de otra boca
en la boca propia, al deseo de cebada y centeno,
plano que se inclina para que rueden,
esposados, palabra y cosa, hacia el abismo.
En qué dialecto, por qué gracia,
a través de que mecánica:
si ahora viera tu rostro, cualquier rostro,
lo creería mancha, error de un supuesto Plan
que debiera ser blanco sobre blanco.
Hay sangre, verdín, torpeza,
crimen que no se oculta,
vulgar locura de marino ebrio,
Fuego de San Telmo visto por un instante
desde alguna dársena a la que abandonaron,
hace mucho, los pájaros. Adiós
a la topografía, al número primo,
a la balanza, a la señal en el cielo o la tierra;
ya no vendré, no vendrás,
no lloverá ni hará buen tiempo,
todo será imposible, la voz dirá no ha lugar,
y no habrá lugar alguno.


Todo comienza cuando…

Todo comienza cuando no hay perdón,
ni salida hacia una claridad
al final del pasillo, con una mano débil
que apenas puede aferrarse al pasamanos,
cuando es tarde y nadie riega
el jardín olvidado por la lluvia,
las palabras arden sin humo
en los invernaderos vacíos,
todo se desata cuando el porvenir
se disipa, el presente se disipa,
las caras, aún las más amadas, se esfuman,
cuando la exploración acaba en el desierto,
todo se inicia cuando no queda follaje,
ni vuelo de ave, ni panes,
en el más crudo invierno,
en la más cerrada castidad,
en las ruedas hundidas en el barro,
en el desmayo de la invención,
en el fracaso del cálculo,
en la ceguera, en el exilio,
cuando sólo nos miran los animales, las estrellas.

 

 


De Falla en el instante puro (Botella al mar, Buenos Aires, 2016).


Y de mí qué se embarca, qué ruta emprende…

…It looked as if a night of dark intent
Was coming, and not only a night, an age…
Robert Frost, Once by the Pacific.

 

Y de mí qué se embarca, qué ruta emprende;
de mi mano, torpe música ciega
y una herida en el aire que exhalo.
Ignoro el pasado y el porvenir de la estrella,
qué se oculta bajo la tierra que piso,
por qué lo que se busca queda siempre del otro lado.
Estoy solo. Estás sola.
El perro acude y nos lame las manos.
¿Acude o se trata de un sueño?
Dejo una marca en la madera.
Ésta, con la punta del cuchillo.
¿Dejo una marca o lo sueño?
Sí, hablábamos de remotas constelaciones,
de súbitos prodigios, de lluvias extrañas;
pero sobrevino el silencio y fue espeso,
se hizo la tiniebla en pleno día
y ya no hubo razón para rarezas y milagros.
Y no pudimos vestirnos.
Y no pudimos desnudarnos.

 

 

 


¿Una eterna disputa por las sobras..?

 

¿Una eterna disputa por las sobras,
el residuo postrero, lo último que queda?
A mano desnuda, la mirada roja.
¿Es esto todo, es esto de verdad todo?
¿No hay más? ¿No hay nada más?
¿Para qué, entonces, en la piedra dura,
grabada a cincel, la promesa:
la rama que resistirá el fuego,
el unánime canto de los grillos,
el viento disipador de temores y cenizas?
Una vez anduve desnudo y descalzo.
Al menos eso creo.
¿Alguna vez anduve desnudo y descalzo?
¿Realmente anduve desnudo y descalzo?
¿O es un engaño, otro engaño más,
como un ungüento contra la muerte,
un himno ante un gran alud,
un sextante en medio del mar
bajo un cielo nocturno sin estrellas?
Roja la mirada, a mano desnuda.
¿Una eterna disputa por las sobras,
el residuo postrero, lo último que queda?

 

 


DE Radiación de fondo (Primera edición: Abrace Cultura, Montevideo, 2018; segunda edición corregida y aumentada: clinamen, Buenos Aires, 2018).


Hoy escribo un poema…

Hoy escribo un poema cansado.
Son muchos los pasos para cruzar el desierto.
Hay un pez aquí cuando ser pez parece imposible.
No hay peces aquí, aunque mi verso anterior lo contradiga.
Lo que propongo se vuelve huida, fantasma.
Lo que propongo no enciende una luz, no cierra los puños.
¿Qué otras cosas devorará el sol antes de que sea de noche?
Debo resistir –me digo–, pero para ello debo tener un cuerpo.
Digo: algo más allá de presunción, una conjetura.
Porque si existo es todavía por una idea difusa, una supuesta marca en el éter.

 

 

 


¿Qué será de nosotros...?

 

(Rómulo Macció, La mueca en el espejo. 1973)

 

¿Qué será de nosotros dentro de un rato, mañana?
¿Qué será de las horas, de los días con sus noches,
del paso de la luz solar a la luz lunar,
del que ahora mismo se para en mitad de una avenida
para anunciar la inminencia de otro diluvio?
¿Qué será del cabo del pincel una y otra vez mordido,
de la casa cimentada en roca, en niebla,
del amanecer que interrumpe el sueño,
del anochecer que trae el sueño pero, también, el insomnio?
¿Qué será en un instante, cuando esta pintura concluya,
y quedemos solos y desnudos, sin ayuda alguna?

 

 


INÉDITOS


Visage vide

 

Qué lo nutre, si ya no espera nutrición, al borde de lo conocido. Si ante sus ojos, paisaje liso, silencio de virgen., fantasma sin objeto ni tatuaje. Tal vez lo que fulge o refulge, todavía, en el agua o una memoria de anémonas en un jardín hace mucho sumergido. Arde sin humo, no acaba de consumirse. Arde lejos de cualquier puerta, cualquier cadera desnuda, cualquier desván donde encuentra refugio la sinfonía o la ceniza. No es África, máscara frenética, tromba de arena y alfileres, y no es tampoco China, leve música en papel leve y mujer desnuda y blanca. Por error, por falso brillo de espejo, por una venta fraguada. Aquí está, adherido mediante sólidos ganchos a la cara oculta, a una lengua que no se refleja, adonde nunca es hora ni ahora.

(2009)

 


Segunda edad diluvial

…las narices henchidas como copas,
sin porvenir, sin recuerdo…

Nietzsche, Ecce Homo.

 

A la hora del azafrán servido en jarra lunar, justo en la renuncia de todo clero. A la hora del toque largo, la cámara dispuesta en sucesivos filtros tendidos hacia el rojo. A la hora de la figura por mano alzada, nerviosa, feliz con su vanidad que no es vanidad sino modo de la sed. Entonces hay brindis al borde de la sábana, tapiz con nenúfar, metal fundido que se derrama en el fondo y sube por las raíces. No yo fui, yo pude ser, yo seré, el inmenso cartel sostiene yo soy y cada uno es, tumbado o vertical, médula de un sueño, con rúbrica.

Se amplían en intensidad, se reducen a alas de langostas frotadas como música. Pero se amplían y por el ancho canal acuático envían cartas sin grafismos, sónicos silencios bruñidos por un Cellini que ansía vender su arte por un vaso de vino, un bizcocho.

En arcas de cobre. En barcos aristotélicos o sofistas. En sumersión, asomados al púrpura, tras un hilo de Epifanía. En copas llenas de rocío cuando más de un planeta gana anillos y desde lejos llega un idioma esponjoso, de anémonas. Quisieran exponerse así, tal como están, en el mercado de frutos, en claustros aligerados de ciencia, invadidos de pronto, sin previo aviso, por bestias arrogantes, enjoyadas.

(2009)

 

 

 


Tal vez en una idea madre…

A Reynaldo Jiménez

Tal vez en una idea madre, capaz
de encender una luz en la larga noche;
en una ardua destilación, como un urgido deseo
de amar y que la escena se refleje
en sucesivos espejos; en el fruto
colgado del extremo de una rama,
que alguien comerá mañana
antes de reemprender el viaje hacia la costa;
en la repetición de cierta palabra,
penúltimo acto, bajo la luna, de un poseso;
en un anhelo de equilibrio, supuesto paraíso,
mientras en redor cada ser y cosa se desbandan;
en un camino abierto, con las manos,
entre hierbas duras, hasta lastimarse;
en una vara cromada por la belleza
y en una seda traída desde lejos;
tal vez en una reverberación, en un agua
que aun de día se obstina en reflejar a las estrellas…

 

 

 


Hablo de una existencia…

Hablo de una existencia
que, al no encontrar conversación,
se sumerge por entero en una cerrada medianoche.
Hablo de una inútil meditación
en un polo sin magnetismo,
donde se sitúa el peor temor del cartógrafo.
Ahora es, de pronto, arena.
Lo que, a cada hora, envejece un poco más.
El doble de la muerte.
Lo que sin tardanza se acumula.
Lo que no halla asistencia, un coro en la ceniza.
¿Qué veremos cuando ya no tengamos ojos?
Porque se agita en el fondo una cifra sin cábala.
Porque no es lluvia lo que golpea los aleros.
Porque es falsa la perspectiva
y entonces la conclusión es un naufragio
en un mar improbable, a bordo de una nave inexistente.

 

 

 

 


 

DATOS DEL AUTOR

DATOS DEL AUTOR Carlos Barbarito nació en Pergamino, Argentina, en 1955. Su obra publicada hasta el presente incluye libros de poesía y sobre artes plásticas. En poesía editó: Poesía quebrada (1984); Teatro de lirios (1985); Éxodos y trenes (1987); Páginas del poeta flaco (1988);Caballos y otros poemas (1990); Parte de entrañas (1991); Bestiario de amor (1992); Viga bajo el agua (1992); Meninas/Desnudo y la máscara (1992); El peso de los días (1995); La luz y alguna cosa (1998); Desnuda materia (1999); Puntos de fuga (2002); La orilla desierta (2003); Piedra encerrada en piedra(2005); Les minutes qui passent (2005); Figuras de ojo y sombras (2006); Música humana y de paramecio (2008); Un fuego bajo un cielo que huye (2009); Cenizas del mediodía (2010); Feu sous un ciel en fuite; traducción de Patrick Cintas (2010); Paracelso (2014); falla en el instante puro (2016).

Parte de su obra poética fue traducida al francés, inglés, griego y portugués. En cuanto a sus publicaciones referidas a las artes plásticas: Acerca de las vanguardias, Arte argentino siglo XX, (1990); Roberto Aizenberg. Diálogos con Carlos Barbarito (2001).

BIBLIOGRAFÍA

Poesía quebrada (1984)
Teatro de lirios (1985)
Éxodos y trenes (1987)
Páginas del poeta flaco (1988)
Caballos y otros poemas (1990)
Parte de entrañas (1991)
Bestiario de amor (1992)
Viga bajo el agua (1992)
Meninas/Desnudo y la máscara (1992)
El peso de los días (1995)
La luz y alguna cosa (1998)
Desnuda materia (1999)
Puntos de fuga (2002)
La orilla desierta (2003)
Piedra encerrada en piedra(2005)
Les minutes qui passent (2005)
Figuras de ojo y sombras (2006)
Música humana y de paramecio (2008)
Un fuego bajo un cielo que huye (2009).