Exilio

 

Expulsados de la selva del sur de Sumatra
por los hombres que vienen a poblarla, 130
elefantes emprendieron hoy una larga marcha
de 35 días hacia la nueva ciudad que les fue
asignada.

(AFP. 18/11/82)

No hay sitio para los elefantes.
Ayer los expulsaron de la selva en Sumatra,
mañana alguien les impedirá la entrada al Unión Bar.
Yo integro esa manada hacia Lebong Hitam,
yo sigo a la hembra guía,
cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las
          cuatro patas del infierno.

Llegarán a destino –dijo un diario en Yakarta.
Los colmillos embisten telarañas de niebla.
Llegarán a destino,
viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne.
Llegarán -dijo el diario.

Más la estampida cruza por suelos pantanosos
y mi patria –la mía- es sólo esta manada de elefantes
       que ha extraviado su rumbo.

¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular
        de bestias!
Tambores y petardos, acompañan.
Algo de todo el polvo que levantan, es mío.

 


 

Oración para un extranjero

 

VI

Lluvia,
somos dos extranjeros,
mi nombre como el tuyo es una travesía,
un deambular por puertas cerradas para siempre.

La gente entra en mi sueño como por otra casa
y tus breves colores se deshacen contra el olvido,
pero ya lo sabemos,
no hay nada que tratar con su navaja,
nada que preguntar en sus regiones.

Lluvia,
somos dos extranjeros,
nos separa una herida.

 


 

Polvo para morder

 

I

A veces la palabra
como una copa rota donde morder el polvo
y otras veces un agua
de alumbrar.

Asomada a los cielos, la palabra,
es un tambor de polvo deshecho al primer golpe.
remando en el infierno, la palabra,
es un agua posible sobre un manto de cólera.

Entonces, la palabra,
¿polvo, para morder en la oscuridad?
¿Agua, para alumbrar este cuerpo callado?

 

III

Bésale las piernas a la poesía
aunque diga que no que aquí nos pueden ver.
Bésale las palabras, hurga su lengua hasta
que abra los brazos y diga ¡Santo Dios!
o hasta que santodios abra los brazos de escándalo.
Bésale a la poesía a la loba
aunque diga que no que hay mucha gente que aquí
nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras
hasta que no de más, hasta que pida más
hasta que cante.

 


 

Corría el año 1917

Magro, cetrino, casi hierático, me pareció
un árbol deshojado. Su traje era oscuro
como su piel oscura.

Ciro Alegría

Un Santiago de Chuco de labios apretados lo ve
pasar y dice: como si la victoria y la derrota
comieran de su plato y dice: como un hueso
escarbando en el habla de nadie, ¿y tanto así?

Pasa un zumbido un triste alguna capa un capellán
un globo sin su niño un ala que saluda las tardes
son iguales aquí pasa Vallejo navegando en el polvo
de las demoliciones.

Como si la victoria (se lo dije) como si la
derrota (¿no le digo?) comieran de su plato y
él escupiera el plato porque un dedo de sangre
va abriéndole los ojos porque hay un aguacero
que se lo lleva todo.

Pasa el maestro de escuela por las calles vacías.
Una mano cortada lo lleva de la mano.

 


 

Hada

 

Se alimenta de carne de venado, de hojas grandes y
          verdes, pero vomita nieve.
Se desliza a gran velocidad, sube a los altos picos y
          cuenta lo que todos callamos.
¿Podría patinar sobre un pie? ¿Dibujar en un pie?
Voy a decirlo de otro modo: la Sordomuda pasa con su
          cuerpo ladeado para recuperar el equilibrio.
Aquí todos la aclaman: “no hay palabras, es única”.

Con su pasamontañas se desliza.
Clava sus espolones y mi lengua aterida se
         enrolla en viejos miedos.
Y así ella se alimente de frutas amarillas o de peces
         plateados, siempre vomita nieve.
Cuando vomite al bosque, yo lo conoceré.
Ahora está en la pendiente: “no hay palabras, es
         única”.
Yo rito del trineo, con mi hocico escarchado poco
         puedo decir.
Para ella los aplausos porque puede bailar, dar
         vueltas como un trompo.
Y si se lo propone,
podría leerle los labios a un muñeco de nieve.

 


 

Diálogo en una estación de trenes


-Escribir es, de alguna manera, ir a una cita.
-¿Con quién? ¿En qué lugar? ¿A qué hora?
-La misma expectativa, el sudor en las manos, la mente en blanco, la página igual.
-Pero él, ¿escribe?
-...y marcó el número y concretó la cita y escuchó aquella voz como bordada en todo el cuerpo.
-¿Pero cuál? ¿Pero quién?
-Hay fotos de revistas, hay rumores.
-¿Cuándo? ¿En qué lugar?
-El entra al baño, se peina, se despeina, se perfuma y ya decidido va a pedir un café.
-Es temprano, ¿verdad?
-El reloj es un inválido que cuenta historias crueles.
-Siga, siga. ¿Por qué?
-Ella cruza la puerta, endiablada, entalcada, ella avanza atareada, en fin, pintarrajeada.
-Por favor, continúe.
-No hay palabras, es única.
-¿Y él?
-Ya se puso de pie y le estira una mano.
-¿Y ella?
-Pasa ligero, dice "no lo conozco".


 

¿A esto le llamas ayudarme?


Yo dije "bésale las piernas a la poesía".
Y también "bésale las palabras".
Yo dije "hurga su lengua".
Y dije "hasta que abra los brazos".

Yo dije "bésale las piernas, las palabras".
Y dije "hasta que no de más".
Y "hasta que pida más".
Y dije "hasta que cante".

A qué alegar ahora si ella en verdad cantó.
¿Fue un sueño?
¡Qué más da si era mímica y disco, si era patraña y ruido!
Sé que la oí cantar,
¿qué cambia que hubiera sido de otro modo?

 


 

                         Oasis


Caminé en el desierto de tu lengua.
De cada polvareda hice un recuerdo grato.
De una piedra redonda, un amuleto.
De las verdes tormentas hice un bosque.
De cuatro lagartijas, un amigo.
Caminé,
           ¿Para qué?
Si el que habla de estas cosas es apenas el viudo de tu lengua.
¿Para qué?Caminé,
           Caminé.
El bosque, el amuleto, el amigo, el recuerdo, son puñados de polvo.

¡Tanto excavar por una sola perla de agua!
¡Todo mi harén es una Sordomuda!

 


 

                       Autoplagio


Latigazos de sombra desordenan tu cuerpo,
en la fotografía donde te estoy pensando,
y soy el extranjero que descubrió tu rostro
y se animó a escribirlo, que era como besarlo.

 


 

      Siempre estoy comenzando
                 este poema

siempre estoy comenzando este poema
pero claro
llaman a la puerta las voces cotidianas
o se cae a pedazos el día diecinueve
o se me sube rosi a las rodillas
o caigo en la guitarra buscando no sé qué
siempre estoy comenzando este poema
pero llegan recuerdos de una ternura un día
o me sirven café
o voy a ver al boby que está ladrando mucho
y escribo una palabra y ya viene la tarde
con su naufragio entonces
pongo la ternura en una botella
para que alguien recoja pedazos de mis ojos
siempre estoy comenzando este poema
pero llega la noche
quiero decir tu pelo mojado
quiero decir que crezco
y que salgo a caminar tu nombre

 


 

                   Ella

viene despacio
entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas echa humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
a juntar los fragmentos de mi risa
después se vuela azul como la tarde

 


 

   Noticias de una mujer cualquiera

entramos a la pieza casi sin reconocernos
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
habrá pensado en mi cansancio
habrá pensado -está borracho-
habrá pensado en irse pronto
habrá pensado tantas cosas

me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
habrá pensado en enojarse
habrá pensado -no es un hombre-
habrá pensado ¿en qué quedamos?
habrá pensado tantas cosas

cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
habrá pensado tantas cosas
habrá pensado tantas cosas.

 


 

                     Suceso VIII


a veces soy la voz del otro lado del teléfono
a veces un aliento
una ciudad enorme donde te encuentro a veces
por supuesto una fecha
un saludo que cruza el cielo velozmente
dos ojos que te miran
un café que te espera después de la llovizna
una fotografía una mano en tu mano
desesperadamente una canción etcétera

y siempre o casi siempre
nomás ese silencio
donde solés colgar tus prendas íntimas.

 


 

    ensayo breve sobre
  la honestidad poética


no es que los poetas mientan
es que los mentirosos
quieren hacer poesía

 


 

  carta del suicida

lo poco que he vivido
me ha hecho perder
demasiado tiempo