TEXTOS EDITADOS DE LA AUTORA
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          La caza

No hay excusas que expíen
las culpas de la especie.
Ni renuncias
prodigiosas.
Ni arrepentimientos
desgarrados.
Sangra
un trozo de marfil
en el oropel de tu garganta.

 



(Del libro "La mirada en otro cielo" premio Faja Nacional de Honor de Asociación Escritores Argentinos 2000).

 


 

Cuando ya no esté...


¿Quién pondrá el pié
sobre la marca que dejó el mío?
¿Quién mirará estos árboles
donde mis ojos dejaron huellas?
Alguien oirá cantar un pájaro
que será otro.
Alguien respirará los mismos pinos
de un verde más cansado.
La vida será un papel en blanco
y no lo podré sellar con mi palabra.

 


 

21 de septiembre


Hoy bajó de un avión la primavera
venía con valijas de tres meses
no sé qué había en ellas
a esta edad me da un poco de miedo el contenido
en otras épocas traían
un extraño movimiento por la sangre
hoy bajó de un avión la primavera
aquí mucha luz la gente pasa
el viento acaba de traer sobre este escrito
una hoja invernal a despedirse
el clima es distinto no importa que lo invente
venden flores
esta noche quieren asegurarse la comida
y es infaltable el canto por las ramas
y quiero la belleza
aunque sea por hoy por unas horas
en este instante que todo se detenga
donde luce el sol el cielo con su añil la vida baila
y luego que bajen las valijas
de lo que cada día ellas nos ofrezcan
por si acaso
nos proteja dios dios nos escude
hoy bajó de un avión la primavera.

 


 

...y duermen los sueños que deberías estar soñando y duerme el farol sin luz que arrastra las cavernas de tus párpados. Los guardianes del principio también duermen y te dejan anónimo, desprotegido.
Por todo el ruido de tu ciudad duerme la noche, los centinelas de las piedras, las aguas que alejan fotografías de silencio.Todos duermen en vez de tatuar el tiempo en tu morada. Te dejan. Te abandonan. Duerme el tren de humo que debería llevarte hasta los cristalinos huesos de tu origen, el sabio que debería darte la llave de todos los anagramas, el mastín que dejó de cuidar el destino de cada grito salado de tus ojos.
Duerme la ciudad toda. Duerme París. Duerme el dolor y confundes ese sueño con la muerte.
Escucha. La vida sigue. Golpea la llovizna en el cristal de tus conjuros.
No te distraigas que ya lluvia palomas de trapo desde las verdes
estrellas del miedo.

 


 

Aquí estoy, futuro, mi vida abierta
hacia tu sombra.
Aquí, expuesta con paciencia y con reposo.
Te espero sentada en la penumbra
de los libros.
En este cómodo sillón
hecho de palabras.
Entre fantasmas que flotan
en la enorme biblioteca.
Aquí estoy, frente al ventanal, futuro;
aguardo tu visita.
Más allá el campo con frutos y fatiga.
Más aquí, un sendero, esperanzas
y dolores.
En mi taza de café nadan promesas
y sobre el escritorio arde
la vela del renunciamiento.
Aquí estoy, futuro,
pequeña que fui.
Infinitamene anciana,
ahora,
con el faro que sólo alumbra
el interior del miedo.
Ven, futuro, vacía el cántaro de mi existencia.
Otro tiempo llega.
Inexorable.

 


 

Vestida de rafia, la paloma
bebe té a orillas del destino
y arroja barajas de polvo
sobre opacos futuros.
Descubro el asombro
en sus plumas de fuego.
A su espalda,
llamas violetas
semejan candiles.


Un tiempo habrá
en que los ciegos despierten
extraños de luz.

 


 

Seré la luz
que esplende
por todas las penumbras.
El invierno
de cada enamorado.
La erosión del mar
en las piedras solas.
Las tempestades
que golpearán raíces.
La noche plata
sobre un callado océano.
Aquellas vacaciones.
Aquel viaje.
Cada tarde vivida entre la lluvia.
Seré
las huellas de la playa
en otros mundos.
La sal de los orientes.
Lejanías de puertos
y leyendas.
La extranjera errante.
Aquella que encuentres
en tus pasos.
Seré todas las cosas.
Seré el olvido.