PATAGONIA SATORI

Abandonado junto a un viejo Renault gris
en el kilómetro mil quinientos setenta y ocho,
él teme que su reflexión no incluya al mundo
ni a ninguna discusión que afecte la problemática
del ser y del no ser.
Duda y su reflexión se pliega a la deriva del  jote
que sobrevuela la sequedad de este páramo.
Tanto desde arriba como desde abajo, hombre y pájaro
se demoran contemplando una extensión infinita.
Para el jote, el ritual culmina cuando descubre el objeto
                                                                           /deseado
y su vuelo se inclina para precipitarse sobre la víctima.
En cambio para él todo  comienza cuando entiende
que no existe otro objeto deseado
más que los motivos de su propia existencia.
Entonces reconoce que una filosofía inquietante
no debería cargar con el cuerpo de alguien que propone
una conjetura débil entre tanto abandono.
Así regresa al punto  del cual nunca debió partir, el cual acepta
como destino del único mundo que le toca vivir; el que escucha
masticar al ave mientras la ruta continúa desierta,
mientras el tiempo se eterniza en una poética del silencio
y la espera vuelve a oscurecerse porque el pensamiento
no progresa y aquí no ha pasado nada.

Jote: Ave de rapiña, especie de buitre, típica de  la fauna patagónica.

 


 

OJO RASO

La frágil fibra del ser, la más líquida del ojo,
acompaña el trabajo raso de la plancha
sobre la ropa húmeda.
El vapor sopla su gordura y la mirada se alza
entre la bruma para buscar el vestigio
más delgado de la noche.
Por allí pretende fugarse la memoria del alma,
por esa fisura oculta, la que debería explicar
el misterio de esta pregunta doméstica.
Pero el que observa entiende que no hay visión
perpleja del mundo.
Entiende que existe un mundo ciego que se aterra
de lo que no puede ver y vuelve sobre sus pasos,
así como la palabra también se arrepiente
y borra su propia escritura hasta dejar al lenguaje
                                               / desnudo de sentido.
O tal vez sí exista una memoria que perdure
más allá de la naturaleza del alma y la sobreviva,
así como el ojo que es abrazado por el párpado
nunca olvida el camino de lo que ha visto.

 


 

COPIA FIEL

No fueron suficientes las piedras que recogí
para marcar este territorio.
Además, la madera que señalaste guardar para el fuego
nunca calentó el hogar y la cama continuó tan blanca
y abierta como hasta ahora.
Todo este trabajo fue en vano porque los días continuaron
envejeciendo en sí mismos.
Pero lo que  resultó verdaderamente inútil
fue el animal  que me ordenaste domesticar:
esta bruta representación que come de mí
para alimentarte cada noche.
Después de la luna comienzo a dar vueltas en redondo
y golpeo ceremonialmente el lomo contra los bordes.
Así voy al apetito de mi memoria donde hay un día
idéntico a éste, un día con un tipo contando las piedras
apiladas junto a la leña, al mismo tiempo que acaricia
a un animal cuarentón que habla raro
y que dice resultarle familiar
 tu voz cuando te escucha.

 

 


 

HORA DEPUESTA



Una aproximación a la verdad 
es el pollo que gotea  colgado de las patas.
Más abajo, el batir del agua caliente
contornea el vapor  que trepa 
entre espirales blancuzcos
para que la crudeza del ave
se empape a razón 
de una desprolija combustión
que ha comenzado a dorar su espíritu.
A unos pasos de allí, la cocción despiadada
de muslos y pechugas no perturba
ese otro vapor que emanan
nuestras carnes desnudas.
Más tarde, consumido el trámite de almuerzo
y mutua devoración, queda una certeza
que demora el ánimo de las partes
cuando el entorno adormece
el aroma de las luces.
Ver el fuego apagado, ver los huesos molidos
en la basura y ver la cama revuelta bajo tu cuerpo
es una provocación a la desmesura de lo efímero,
a lo poco que puede tentar una verdad
cuando lo doméstico se resume
en la volátil ceniza del mundo
y nuestra existencia es como esa última
gota de grasa que cae sobre el carbón,
como esa última gota de tiempo
que nutre la espera
y hace de la distancia
una mentira posible.

 


 

VUELO ABIERTO

La mecánica natural del alma
hace que las pequeñas miserias
se conviertan en el riego natural del ojo.
Gota a gota trabaja la tristeza mientras el llanto
activa cada parte, cada minucia ordenada
en la memoria del dolor.
Entonces viene tu abrazo, tu súplica,
y el llanto avanza, transforma tu pérdida
en un sufrimiento líquido.
El ojo se cierra y la gota viene a colgarse de tu nariz.
Cae, y antes de estrellarse, forma en el aire un mundo
ausente de nosotros; un mundo transparente
que alcanza a brillar, a sacudirse como si estuviera vivo,
a reflejar dos rostros sorprendidos que no comprenden
cómo la naturaleza puede perder algo tan bello,
tan perfecto a la hora de reventar y que no los contenga
en cada astilla de agua que vuela cuando se abre.

 

 


 

UNA NARANJA

EL cuchillo recorta circularmente la naranja
bajo su cáscara.
Hace correr el jugo entre el filo y la pulpa,
marcando el cauce de un camino líquido
que rodea a la fruta para venirse a tu mano.
Viéndote ejecutar esa maniobra, pienso que
algo terrible ocurriría con mi corazón
si tu apetito cayera en desgracia.
Ese movimiento giratorio, ese descascarar
en crudo para llegar al brillo de la pulpa,
daría con la parte más débil de un hombre
y la desnudez de su sangre brotaría hasta
manchar sus ojos de la manera más vergonzosa.
La diferencia la marcaría el ángel que mueve
tus manos.
Porque la fruta gira entre tus dedos para que
su carne se abra por entero a la luz.
En cambio, un corazón se pudre si no se lo corta
en el momento preciso.
Queda dudando lejos, cavado en una ruina oscura,
a treinta y cinco centímetros por debajo
de la boca.

 


 

MUNDO CRUDO



Como si estuviera paseándose por una flaca pastura
con hambre de fiera.
Así de animal: revolcándose dolido entre la sequedad
de las palabras.
Con la cuchara del alma cava bocado tras bocado
y no abre la boca.
Nada que alimente, nada que ya no sepas.
Ella quería abrigarlo, ella lo esperaba escuchando poco,
nada, apenas algo.
Él seguía moviendo despacito la boca, así,
como si ese poco de hierba entre sus labios
significara algún mensaje que valiese la pena entender.
Despacio la boca, pensando en el sabor que tendría el tiempo
si el mundo fuese esto que mastica, estas migas de palabras
que se atoran entre los dientes y perduran por años en la memoria
haciéndonos recordar el aroma del silencio, del mismo silencio
que ella guarda en la mirada mientras espera.

 


 

PUNTO FIJO

Finalmente la tarea se repite: buscar en el mapa 
la parte del mundo que te ha tocado fundar.

Y eso no es un fracaso.

Claro que, vayas donde vayas,  este pacto caótico
te quitará toda posibilidad de escribir lo que está próximo
                                                                           / a suceder.                                                                                                      
Así de ciego es el futuro: con un tipo abandonado  a un costado
                                                                                     / de la ruta,
soportando la inmóvil  crudeza del tiempo y  calculando
el continente  de sangre  que debería quemar
para recorrer este desierto.

Tamaño páramo te hace dudar sobre el éxito de una lectura abierta 
                                                                                       /del silencio.
Ahora, ¿ el ave que estuviste observando comer,
que ha desgarrado la carne viva  de su víctima, 
puede leer el futuro en las entrañas  del muerto?

¿Por qué te mira de esa manera antes de retomar el vuelo y alejarse?

¿Y vos, en esa lectura cartográfica que intentás resolver,
 ves algún destino prometedor que pueda ofrecerte el mundo?

¿Este punto que marcaste en el mapa sos vos?

¿Así te ve Dios desde allá arriba?

César diría que sí, para que  te den duro y duro con un palo.
Pero tu cuerpo  cabe apenas en la encarnadura de un pensamiento
                                                                                        / mediocre
y en el peso de una idea  que cree elevarse sobre todas las conjeturas
                                                                                  / antiguas  del ser.                                                                                                                
Porque las ideas no necesitan cobrar altura para ensayar 
una lectura completa del mundo o de tu silencio.
Las ideas necesitan un punto fijo  desde el cual trazar un orden caótico .
Después, los elementos que conforman la geografía del silencio
quedan a merced del desierto y de tu propia naturaleza:
esa inmensa poética a ser descubierta en la fundación de tu futuro,
como el borde de la noche que  ahora comienza a leer
la ceguera de tu asombro.

 


 

Los poemas corresponden a una Selección de textos del libro: Mundo crudo (Patagonia satori)
                                               Editorial Limón , Argentina 2005)

 Ricardo Miguel Costa (Argentina 1958) publicó: Árbol de tres copas (1988);Casa mordaza (1990); Homo dixit (1993); Teatro teorema (1996); Danza curva(1999); Veda negra(2001) y Mundo crudo: Patagonia satori(2005)

 Recococimientos: Bienal Argentina 1991; Concurso Plural, México 1992; Concurso Becas y Suibsisidos a la Creación Artística –Fund.Antorchas 1995; Premio Fondo Nacional de las Artes 1998: Tercer Premio Concurso Iberoamericano de Poesía Neruda, Chile 2000, Premio Poesía en Tierra, Fondo de Cultura Económica y Ctro.Cultural de España 2004.

www.ricardocosta.com.ar

kuervocrudo@gmail.com.ar
kuervocrudo@arnet.com.ar