De Estos vientos
Buenos Aires, 1984

 

Nadie estuvo en sus ropas, en su patria, en sus raíces.
Un silencio de lobo avanzó y corcoveó por estas calles.
El terror derribó puertas y espió por las mirillas.
Una conmoción de muerte, de la puerta para afuera
y de los ojos para adentro, nos exilió del otro
y fuimos gente sola, de mirada huidiza, en los rincones
como las hojas tristes que los vientos amontonan.



 

De Silbos
Buenos Aires, 1985-1986
  

Faltan las palabras,
o sobran otras veces.

Los hechos las deciden
necesarias o las ahogan.

Las abren y evidencian,
y las golpean día a día.

Están bajo juicio sumarísimo.

 


 

Hemos practicado, además
de la desmemoria, el hastío

y la atroz mueca de cruzar
cada vez con una arruga,

y hemos puesto, o deseado
poner, nuestros nombres,

y vuelto con una sequía
chorreando en cada ojo.

 


 

De Hojas de sábila
Buenos Aires, 1987-1992


Seguramente haya otro lugar
más allá de este pozo
y de este horizonte seco
y quebradizo. Un lugar
para sentirse más palpable
y que hay que edificar aquí.

 


 

DEFENSA DE LA POESÍA
Palabras con mi hijo

 

Porque, aunque no lo creas
−plano más concreto−,
la luz de las estrellas
también vuela

y, además, el horizonte
es una línea tan cambiante
de acuerdo a cómo vires
el rumbo de tus pasos.

 

                         *

 

De esta arboleda
tomá tu color
o tu desdicha; y tomá
tu mar, tu vaso...
Todo suena, pareciera,
a nueces secas. Pero
también suena un río
       grandioso
que aún no escuchas.

 


 

A mis zapatos remendados
       yo los quiero;
mis zapatos con cartón debajo
       y nylon debajo
para que no entre el agua
       de la lluvia
ni el agua de cuando baldean
       las veredas.
Mis zapatos húmedos y tibios
de mí y con polvo de camino,
       mi camino.
Descansando ahora, debajo
       del mueble
−pueden verlos−,
y mirando gozosos cómo escribo
reclinado en la cama todo
       esto
y cómo abracé hace un momento
       al Caribe hondo y voraz
de Aimé Césaire y Saint-John
       Perse.
Zapatos, zapatos excedidos
       de mí
hasta deformarse, cuartearse
       y agujerearse.
Pero listos y hermanos
y comprendiendo, pareciera,
cuál es la estrella fugaz
y cuál es ésta. Y vamos,
yo adentro de ellos
en la parte que les toca.
Denostados, sin embargo,
       torpemente,
por una mujer, ciega mujer,
abandonada mujer, sola mujer.
Dejadme cruzar la calle,
       poesía,
poesía de los salones,
las rondas, los concilios,
que vengo de galope yo
       con mis zapatos!

 


 

Después del poema
el poema debe seguir y seguir
hasta el poema.
Mas si el poema no sigue
después del poema,
el poeta o bien flaquea
             o bien es de papel
             o bien de tinta.
No le creas al poeta
al que después del poema
se le concluye el poema.
No le creas
        o bien creé,
en el mejor de los casos,
        que flaquea
o que su ser tiene
        interferencias,
mutilaciones, o huesos
        indecisos
−sea Neruda o sea Thomas
        Eliot−.
Después, después del poema
el poema debe seguir y seguir
hasta el poema.

 


 

De Mareas
Buenos Aires, 1993-1995

VIEJA POSTAL VENEZOLANA

En la orilla abrupta duerme
               de honda mar un tiburón
con una herida corta
y abierta en U como su boca
                              triste, triste
bajo el blanco sol
         y entre algas abundantes
y una botella rota de cerveza.

 


 

Un poema es una piedra
y dos de esas piedras
       no son
sino el comienzo
o parte de un camino.
Un poema es una piedra
que bien puede
       en la niebla
marcar rumbo.
Un poema en la noche
       brilla
con luz propia.

 


 

De Las costas del golfo
Buenos Aires, 1994-1995
  

Viento, háblanos del mar
que hoy estamos algo así
como aburridos, como tristes.
Afuera, ves, llueve,
llueve con ganas
y contigo. Háblanos
también de las costas
de Chacachacare y de Macuro
mientras tomamos el café
y miramos la ventana.

       Háblanos
así, del oleaje
torrentoso dando en los cargueros
que se inclinan
en las Bocas,
que hoy estamos desolados
y deseosos de tu magia.

 

* El autor vivió en Güiria, poblado costero venezolano, durante 1977 y 1978,
y a esa experiencia corresponde el poema de esta obra.


 

De N.Y. Postales para enviar a los amigos
Nueva York, Buenos Aires, 1998-1999

 

                         Cercanía del Harlem

 

En esta plaza brumosa, raleada,
estoy solo con los pájaros
       −alas oscuras, casi quietos,
       chistar agudo−.
Pasa gente con aire distraído
y gesto triste,
       hamacando los hombros,
       mirando hacia los árboles.
Gente sola, de sino y ropas pobres.
Caracas o Guarenas parecieran estar
       a la vuelta,
pero no. Es éste el primer mundo
       con sus caños oxidados
       que gotean
en el patio y en los techos
y con el dolor también
       (no digas que no)
       entre las vértebras.
Y el murmullo, sí,
que va poblando los instantes.

 


 

                         Camión azul de Brooklyn

 

Corazón, corazón
       zurcido con alambre;
alma, alma,
       también zurcida;
y piernas y brazos
       juntos,
aunque a veces desconexos.
       Oh camión azul
de Brooklyn, detenido,
tercermundista,
       ¿abandonado?,
en la calle lateral
del cementerio.
       Cruces, cruces,
monolitos,
       detrás de la pared.
Corazón, corazón
       zurcido
como un camión azul
       de Brooklyn.

 


 

De Marcha de los desocupados
Buenos Aires, 2002

  


VI A MI PAÍS DOBLARSE...

Vi a mi país doblarse, contraerse,
                        de dolor y asfixia
bajo un infecto mar de propaganda.
Las gentes desoladas querían creer
                              en los destellos
y el país era una fiesta
       próxima
en el destino ligero y cibernético.
Nadie imaginaba quedarse atrás
                                 en el revuelo
que había traspasado los límites
innecesarios y trágicos
de la cultura de aldea,
de la economía de aldea
                          y de una historia
                     pérfida y frustrante.
Los malheridos y contusos
y hasta insomnes y excluidos
−que todo renacer
                         trae consigo−
eran apartados de la escena
con la cansada arrogancia
de quien aparta un trasto
                     o algo ya molesto.
Vi doblarse y contraerse
                    de dolor y asfixia
a mi país
y vi los gestos
       desbocados de la absurdidad
                    y la inconsciencia.


 

De Canciones olvidadas
Buenos Aires, 1995 y 1996 


El tren de las 12.50
viene por Nidia desde Bosques.
Pita entre las rancherías
y los desechos de Ardigó
       estremeciendo todo.
Ella lo espera fumando
y mirando los árboles de enfrente
en el viejo andén de tierra.
Así todos los días, como un rezo.

 


 

ALGUNOS DATOS ACERCA DEL AUTOR

Eduardo Dalter nació en Buenos Aires, Argentina, en 1947. Poeta e investigador cultural. Desde 1971, año en que editó su primer poemario, ha venido desarrollado un quehacer intenso en los ámbitos poéticos. Importantes publicaciones de su país y de América han incluido en sus páginas poemas de su autoría: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), Shantih magazine (New York), Revista Nacional de Cultura (Caracas), y revista Casa de las Américas (La Habana), entre otras. Durante los años de la última dictadura militar de su país vivió en el Oriente venezolano y en la ciudad de Maracaibo, donde en 1982 se publicó uno de sus libros (ver al pie el listado de obras poéticas del autor). Dio conferencias y participó de encuentros internacionales en distintos países y asimismo brindó numerosas lecturas; entre otras: en el Ginsberg Tribute, en el Central Park, New York, y en la más reciente Feira do Livro, en Brasilia . En el año 2000 tuvo edición su trabajo de investigación Harlem: los blues de la historia, que incluye una selección poética, con traducción que le pertenece en coautoría. Por otra parte, en el lapso 1994-2002 dirigió en su ciudad la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín, de difusión continental. En la presente década  preparó y ofreció diversos seminarios acerca de la poesía de América en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, entre otras instituciones. Reside al sur de la ciudad de Buenos Aires.

 

OBRA POÉTICA

* Aviso de empleo; Ediciones E. C., Buenos Aires, 1971.
* Las espinas del pescado; Ediciones Por la Poesía, Buenos Aires, 1973.
* En las señales terrestres; Lavoisier Ediciones, Buenos Aires, 1975.
* En la medida de tus fuerzas; Ediciones Cantaclaro, Maracaibo, 1982.
* Versus (1971-1984); Ediciones del Río de la Plata, Buenos Aires, 1984. (Incluye Estos vientos, 1984)
* Silbos; Ediciones del Río de la Plata, Buenos Aires, 1986.
* Hojas de sábila; Ediciones del Río de la Plata, Buenos Aires, 1992.
* Aguas vivas; Ediciones del Cántaro y Huaico, Buenos Aires, 1993.
* Las costas del golfo; Ediciones Mucuglifo, CONAC, Mérida, 1995.
* Mareas; Ediciones del Cántaro, Buenos Aires, 1997.
* N.Y. Postales para enviar a los amigos; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 1999.
* Almendro de  naufragio; Editorial La Espada Rota, CONAC, Caracas, 2000.
* Bocas baldías; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2001.
* La gente está en la calle (8 poemas); en Revista Nacional de Cultura, N° 324, Caracas, 2002.
* Marcha de los desocupados; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2002.
* El mercado de la muerte (43 escritos breves); en Casa de las Américas, N° 236, La Habana, 2004.
* Macuro; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2005.
* Hojas de ruta, 1984-2004; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2005.
* Canciones olvidadas; Editorial Recovecos, Córdoba, 2006.
* 7 Poemas; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2007.
* Nidia; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2007.

 


ALGUNOS COMENTARIOS ACERCA DE SU OBRA

ALIBERTI, ANTONIO: El hombre sigue siendo necesario; diario La Razón, Buenos Aires, 26 de enero de 1986.
AMADOR MARCHANT, CARLOS: Versus; diario La Estrella, Arica, 4 de marzo de 1985.
CARDOZO, LUBIO: Los poemas de Eduardo Dalter; diario El Impulso, Barquisimeto, 29 de septiembre de 1985.
CARDOZO, LUBIO: Eduardo Dalter: La transmutación del bronce de la vivencia en el espejo de la poesía; diario Últimas Noticias, Caracas, 27 de julio de 1997, y en diario Frontera, Mérida, 10 de mayo de 1998.
CASTAÑO LONDOÑO, HELMER: Eduardo Dalter y la nueva poesía; periódico Meridiano, Quindío, 15 de julio de 1989.
CEDRÓN, JOSÉ ANTONIO: Retornos y algo más en la poesía de Eduardo Dalter; revista Plural, N° 185, México, D.F., febrero de 1987.
CEDRÓN, JOSÉ ANTONIO: Silbos de Eduardo Dalter; diario El Universal, México, D.F., 26 de mayo de 1987.
GAZZERA, CARLOS: Por una poética de la realidad; diario La Voz del Interior, Córdoba, 12 de diciembre de 2002.
GAZZERA, CARLOS: Entre la lírica y el barro; diario La Voz del Interior, Córdoba, 20 de noviembre de 2005.
HARDMEIER, JORGE: N.Y. Postales para enviar a los amigos; revista Tamaño Oficio, N° 24, Buenos Aires, noviembre de 2000.
MORA, PABLO: Presencia de Eduardo Dalter; Diario de Los Andes, San Cristóbal, 20 de junio de 1996.
MORELLI, MIGUEL ÁNGEL: Versus; revista El Molino de Pimienta, N° 6, Buenos Aires, abril de 1985.
PARRA PÉREZ, LIGIA: "El poeta con su palabra y su sentir...”; diario La Nación, San Cristóbal, 7 de julio de 1996.
VALENTI, SUSANA: La poesía sopla donde quiere; diario La Capital, Rosario, 31 de agosto de 1997.
VALENTI, SUSANA: Entre rascacielos y beatniks; diario El Litoral, Santa Fe, 20 de mayo de 2000.