Los ojos de Atlantis
a Juan Carlos López ,a su obra Atlantis


I


Y de la fricción de los cuerpos nació el primer fuego.

Tal vez fue en ese momento en que la tierra dejó que ocurra el amor.


Acaso un dibujo pueda ser la escritura de una imagen
Sumergida en un océano dorado
O el testigo de un tesoro ahondado en su propia memoria.


Esas miradas respiran enigmas

de ellas asoman los cuerpos que desnudan la arena
Y los cuerpos se funden en otros cuerpos
Y en los cuerpos de otros cuerpos
En atléticas cópulas vacilantes como garras de terciopelo.

Y los seres son fantasmas imbricados en recintos aéreos o acuáticos

Donde el cuerpo es isla
Donde el cuerpo es continente

Y donde siempre la luz es ese múltiplo infinito de la tiniebla.

II


Un trozo de piedra grita sus presencias

Y en la extensión de un antiguo laberinto

se precipitan las formas de un duelo silencioso

Por eso hay miradas que asoman con la nitidez de un designio en una noche celestial.

Y los cuerpos se columpian insensatos

Como si en el rostro, la soledad dejara las manos

impresas en las leyendas del miedo

III

Ella es la hija del gigante que sostenía al mundo
Ella se ha perdido en las profundidades

Pero el imperio de la luz sigue emitiendo las señales

Y solo en la noche vemos los contornos del DIA que amanece

Mientras tanto escuchamos las memorias al acecho

del tiempo necesario

para abrirle ventanas al cielo.

 


 

 


 

Calle de enero

Una lágrima es una lengua que habla con innumerables palabras bajo la santidad
del firmamento.
Nikiforos Bretakos

Enero acerca su fin con una luna llena de cielo impecable
Bajo su luz somos los habitantes de un mundo descolorido
Ahondamos las calles del dolor y la injusticia
y el canto
Es un tono apenas del desgarro y la indignación
una luz que gime
Un encuentro desvirtuado

Una lágrima permanece parada en el borde del mundo
Y desafía
Las calles han quedado quietas
Desarmamos los sueños
Y somos ahora ,insomnes desprevenidos.
Los pasos se tornan pesados con lentitud de caminos interceptados
Con quebrados pasamanos donde asirse

Esperamos la virtud
Esperamos la esperanza y la fe
La fortaleza nos asiste en la templanza
Esperamos con prudencia a la justicia
Y la caridad no es solo sombra

Siete lágrimas armarían de nuevo al mundo
En esta noche de enero en cualquier lugar
Donde alguien crea
Simplemente en otro ser humano.

 


 

Piedra de alumbre

Fue una profunda marca en los labios
Un profundo rasguño en la piel allí donde el tiempo se graba para siempre.
ODYSSEAS ELYTIS.


Yo extendería mi piel sobre tu cuerpo

Pretendería envolver lo que ilumina
Como aquel manto
Como el farol en las noches
de las calles de un pueblo que envejece

Alumbraría los días con las promesas del fuego crepitando
Con los dedos sobre el surco de tu herida tibia
Y propondría un juego elemental

Recrearía la vida entera

Volvería a ordenar las estaciones y los trópicos a la conveniencia de las mareas

Dejaría la marca del vapor como un testimonio del agua herida por el fuego

Y confiaría en este tiempo verbal donde lo posible
queda suspendido en esa melancolía atravesada de vitalidad
como albergando la promesa de otra historia

Con la sustancia ahí tan cerca
Tan a la mano del alquimista que mezcla y purifica
Tan en el umbral del espíritu cuando despliega
y transporta

La luz que esparce la fusión de dos oscuridades ebrias

 


 

Coraje

Dejar gritar los silencios
con los sueños que se sueñan
y sustraerse de las garras
si el tigre es la ferocidad.

Descorrer los velos
si las algas son plagas deteniendo los arrecifes de coral,
también la locura y el sufrimiento
pueden ser telarañas inconsistentes.

Algo aguarda después,
como un ojo abriéndose en el coraje del pensamiento.

Esa fuerza anida en las manos de su sombra.

 


 

Dos pájaros


Oír la eterna convocatoria
Un llamado clama otro llamado
Un desgarro de campanas soltando sus badajos al viento.
Y nos unimos desde allí.
Donde dos pájaros tienden lazos de tulipanes en la intrepidez de la mañana.

Uno inicia la dimensión de la luz
Y atraviesa los telones violáceos de los sueños del amanecer.
El otro desaparece en un eclipse de astros ocultos
Como un panorama frecuente en la oscuridad.

Entonces cavamos nuestros silencios en un gesto pueril
En el asombro del interrogar de dos pájaros diferentes
Como un encuentro de llamados.

 


 

De aquel silencio

                                                        “Hay que hallar los fantasmas esenciales”
                                                                           “Lo sagrado es todo el amor callado”
                                                                                                                           R. Juarroz.


Lo igual
lo semejante
lo diferente.
Y la ciudad se describe en una multitud de rostros agonizantes.
¿Y si ya fuésemos demasiados?
La angustia se apodera de los seres en un ademán de opresión
y ellos solamente consiguen demorar el instante.

Hay sol.
En los rincones hay labios que se encuentran
labios al alcance,
apurados, ansiosos
o desesperados.
En los rincones se cifran dádivas, súplicas,
inflexiones del vicio,
destino del espanto y la indigencia.

¿Y si la urgencia fuera nombrar una caricia?
Si el amor no sabe de formas,
nos desconoce en las fronteras
se nos revela en las sombras.

 


 

Hay sol
y es preciso interrogar al tedio
saber de las escarchas y conocer palmo a palmo la intemperie
para ver lo que detrás, debajo, adentro, todavía,
hace al origen.
Eso que de la oquedad es manación
un destilar
un escuchar murmullos con la intensidad del viento
sobre la planicie.

Lo igual, lo semejante,
lo diferente.
Tus ojos azules restituyen las indagaciones de la tarde
como los fresnos averiguan sus brotes
en las proximidades de las raíces
o a la sombra de sus copas
y nuevos sentidos surgen como ordenamientos genuinos de las cosas.

Hay sol
y de noche hay una multitud de seres
desacompasados y simultáneos
silenciosos y fugaces
pero fuertes,
lo suficientemente fuertes
para sentirlos con la contundencia de un aroma que persistió al recuerdo.

Lo igual no es lo semejante
lo semejante también nos diferencia
y lo diferente puede ser un salto para abordar el júbilo.

Lo demás son letras que escribimos para albergar fantasmas,
tigres que pasean con miradas tímidas
mientras lo sagrado anida en el cofre del luminoso silencio.

 


 

   WU-WEI

 

Algo se abre como un cuerpo que desaloja sus penumbras
y sus brazos son fibras de sal enhebrando la prolongación de una fuerza.

Cae una gota y el lago recibe con entusiasmo al nuevo ser.

Una mujer abraza el viento y su cuerpo es un nido de silencios.

Inhala y retiene todo en sí.
Exhala y devuelve una bandada de pájaros azules.

Deslizamos los pies y el arroyo refleja los fantasmas del sol.
¿Será posible arribar al vuelo de los pájaros cuando anochezca?

La noche cierra su párpado en el fondo del mar.
El núcleo late siempre allí en lo profundo
donde los templos del día inauguran al porvenir.

En el valle a la hora del sol rojo el color de las hojas se
funde en lo esencial.
En la piel de las piedras resguardo tus ojos
mientras acontece el principio de la noche
y el ruego de los grillos dilata el verano
cuando el árbol estalla trascendiendo en flor.

Tal vez de lejos, de muy lejos
llega esa forma que tomo entre mis manos

Se mueve con mi corazón
y suspende en el aire los distintos mundos.

Mientras ella ya es, otra forma.

¿Es el vaivén de una hoja una coreografía del viento?

Algo se estremece y cede sus hojas sin alma
comienza una danza en remolinos
trazos de luz en el espacio.

Y un cuerpo envuelve el misterio anidándolo.

Cedo la mirada al agua del río
y veo mis ojos que retornan en las pequeñas olas
en la corriente eterna.

La forma siempre muda el horizonte de mis ojos
y el fondo lo permanece en la serenidad.

Un mural de gestos despliega un grito

El sonido es vertido en luz.

Un salto es la celebración
Y el corazón abre su mano a la sombra.

 


 

 Hablo de tus manos


Comprendí que tus manos
no estaban hechas para los pequeños gestos.

Peleaban en el borde del papel
para nombrarse en algunas letras.

Me leías con tus ojos
mientras tus manos eran gritos en la boca de un túnel.

Me hablabas de tus manos
y mis piernas dibujaban alas en tu espalda.

Hay un recorrido de ojos en la exaltación
donde puede recostarse el desafío como un velero a contraluz.

Tus manos construyeron un puente invisible
sobre el destino de las palabras,
un pensamiento
como una oculta forma de salvación igual al recorrido del asombro.

¿Cómo pudiste quedarte en silencio
después de extraer esa multitud de eternidades en otro movimiento
del tiempo
después de desatar la infinitud de las formas
en el perpetuo movimiento del deseo?

Como una presencia extraña,
quizás la de un refugiado que escapa de un lugar muy frío,
o la de un niño que ha olvidado sus juegos
y se precipita como una nueva figuración de la sorpresa.

Las letras de tu poema abrazaron mi sangre
en esta necesidad de inventarte

Cuando mi cuerpo en tus manos
era un estallido de pájaros.


 

Cuatro raíces


Como un diálogo imprevisto, toda imagen alberga un texto.
En esa ciudad de fronteras
donde lo posible ocurre como es
esa fascinación del momento eterno.

Tal vez por eso escucho la lluvia que hay dentro de la lluvia
Como el texto que escribe su imagen,
y busco en la propia oscuridad
donde los ojos son tocados en el punto anterior al llanto.

cuando estamos en esa densidad habitada por lo divino

en esa conjunción de las cadencias
la más tenue y remota
entre el rayo y su sombra
mientras recibimos esa lluvia tangencial
y somos montes abiertos en lo fecundo.

Nuestras gracias y furias despiertan del fuego
y ese fuego
deja expandir sus lenguas en el soporte del aire

dos cuerpos amándose son dos candiles que iluminan campanas
lanzadas al desborde del tiempo
así Toda imagen alberga un texto


En las puertas de la aproximación
un sonido de presencias,
una constelación de signos caídos ruega en la piel de las piedras
y resguarda el vapor
y el vapor es la marca que el fuego nos ha dejado.

Y esa niebla late entre nosotros.

herida que es tiempo en la cicatriz,
rasgo de lo sinuoso que deja una pausa
adentro del silencio.
así
Todo texto acuna una imagen.

El agua siempre hace oír su canción
A veces es rugido
Y tememos al mar.

Pero en el crisol siempre aparece el color del nuevo elemento,

siempre nuevo en su propia purificación
siempre nuevo en sus capacidad que es su posibilidad

hondura que es elevación
signo que presagia un deseo

En la hierba, la tierra imantada levanta su reinado


De las raíces elementales recibimos las virtudes
Fuego, aire, tierra, agua

Y el espacio entre nosotros se nombra en Dios.