Poema en memoria de Amelia Biagioni 19-11-2000 / 19- 11.-2002


                         La rosa única


Nunca tendrá la rosa púrpura
ni el vórtice de pétalos
ni el axioma del fuego
que nosotros creando
la más profunda y asombrosa flor.

Amelia Biagioni

Amelia levedad. Amelia ala.
Viva llama vuelta navegante ceniza.
Palabra celebrante, delatora de extremo corazón.
Luz la escritura, bosque donde anida tu asombro
persigues el ritmo, la balada, te ocultas trasparente.

Te evoco lúdica alegre trilce trágica
vara de lino coronada de caperuza blanca.
en la noche tristísima cigarra
diurna jardinera de una única rosa.

Dijiste, pocos saben de mi rosa
abierta aquí tan alto en este piso trece,
a salvo de modas pestes; mi rosa
esquiva de ágoras, tímida de academias.

Oye; planta un rosal en tu balcón,
mira la flor, combate por nacer,
en apretado botón del viento se defiende,
bebe rocío, vibra al tacto del sol.
Así el poema combate por nacer
como la rosa ofrenda espina y pétalo.
En cada verso azul el idioma perfuma
en cada espacio blanco se esconden
angustias de silencio. Mira en soledad
creando la más profunda y asombrosa flor.

 


 

Poema en memoria de Amelia Biagioni 19-11-2000 / 19- 11.-2002


                                 Adios

                                                                       ¡Hola ¡ ¡Adios!
                                                                                                                 A.B.


Amelia tenaz indagadora, aunque ya los dioses
no dialoguen con el hombre,poeta de lo luminoso
debes estar interrogando a Dios.
¿Por qué el dolor si es pura contradicciòn de la armonìa
y sólo hay pan hambriento y vertiginoso y sólo ves con límites

Le dirás, quien pregunta es la descalza jadeante que escribe sin fatiga
su palabra de asombro y ahuyenta el humo de las voces tibias.
La que ve con los ojos de todos y con otro secreto oculto tras la frente
que todo acto en el mundo es cacería y juzgándote Cazador te reprocha:
¿Por qué la flecha hirió la mano antes que dibujase la palabra final
y así quedó el poema, sin punto, inacabado?- Callas Tu existir es callar
y entre mis breves y ubicuos dos sonidos
de nacer y morir, escucho el largo silencio.
Le dirás, quiero cambiar la túnica ganada con mi oficio por otra más etérea
lo sugirió hace tiempo un solitario que me amó para llamarme “la Llovizna”
Asì volver menuda y melancólica
lavar calles y plazas y para los desconsolados
escribir, gota a gota, una canción de agua.

Ya ves, Amelia, ahora que cae una lluvia fina
mi corazón extraña la voz en el teléfono, la breve queja.
Aún lastima el eco de un llamado que no llegué a atender.
Ahora para alivio del duelo, abro el libro que me diste
y a resguardo del tiempo aprieto entre las páginas
el beso que te dejé en la frente y el adios de tu mano.
Y acaso por negar la verdad de la ausencia,
me miento, repito Amelia nos engaña,
en inhóspita cama dejó a su desconocida que gimecanta dolor
y enlazada a su niña de mil años, lúdica corre en busca de su Mar,
del mar juguete
de una gualda Ballena entusiasmada, donde la eternidad es aventura.



19-9-200/19-9-2002


 

Mujer testigo de su hora

Ellos eran rehenes de otro mundo
como el carro de Elías
Pero estaban aquí
cayendo
desasidos
Olga Orozco


Mujer protagonista de la vida con sus sorpresas y revelaciones.
Vida desalineada inabarcable desconocida
con su trazado paralelo y sus esquinas de inesperado azar.
Llevada por ignoto sino deja la protección de sus paredes
y acepta, frente al teclado, claroscuros desafíos.
Buceadora en abismos de cielo, en altura de mar,
cazadora de sueños sin red, se extravía
por selvas de papel habitadas por tigres inmortales
surrealistas relojes, oasis de espejos.
Tenaz perseguidora de prodigios corre detrás de un hálito
que pide ir siempre más acá, más hondo, más allá.

Mujer de contradicciones convive con opuestos.
Su ángel la protege del hermano caído y a veces la abandona.
Sabe unas pocas cosas, que el pecador determina al redentor
que la culpa es ocasión de enmienda
que amor y olvido son linaje humano
que sólo en el caos se engendran las estrellas.
Y no mucho más.
Con tan sutil materia, atada a su silla de soledad
sujeta a la mirada de los otros enhebra metáforas
se esconde tras un velo que en lugar de ocultarla
-como ella quisiera- la desnuda ceñida a trasparencias

Desvelada por secreto zahir oye voces que en la noche claman
ecos de la memoria, intuiciones, temores, esperanza.

Mujer que en letra es una y todas, jardinera de dones.
Sujeto víctima de disimulada debilidad, de mentirosa fuerza
itinerante de singular devenir
conoce que anda el tramo final de su laberinto
en los primeros años de un siglo de asombros
descree de su razón mirando el horror que cubre la pantalla.
¿Es ficción o realidad la inmensa antorcha ardiendo?
¿ Es llama de un infierno que devora y sin saciarse,
desasido de piedad, arrastra al acero, se arrodilla, cae?
¿Qué desmesura esconde el grito que reclama “Infinita venganza”?
¿Es verdadera la lluvia de misiles y lágrimas azotando a desesperados
tras un sorbo de agua, tras un grano de trigo que les distraiga el hambre?

No son miles las víctimas. Uno es el hombre, victimario y víctima.

¿Y qué esperar después del ántrax, la tauremia, la fiefre Q, la peste?
¿Tienen poderes escapados de la lámpara de un genio maldito
o acumulan veneno alambicado en laboratorios de ambición
indeseable producto del superhombre alzado contra Dios?
¿O es en Su nombre o en Su ausencia que soberbios matan y mueren?

Interrogaciones.
Mujer que camina una ciudad teñida con pinceles de azul jacarandáes
donde la violencia levanta muros grises y el miedo instala candados
rejas en las ventanas, puertas de acero con sus llaves perdidas.
Donde la miseria se ha vuelto vergonzosa costumbre y más urgente
que una máscara contra el gas talibán es amasar el bendito pan de cada día.

Donde por las mañanas, despierta de sueños y cansancio
se pregunta qué su palabra importa
si no debiera dejar abandonada la página que espera
caer en tentación y exiliarse en claustro de silencio.

Por auroras y ocasos, por insomnios ha hurgado sin encontrar respuesta.
Entonces entregada a su oficio de luz y de tinieblas

perdido el miedo a la libertad olvida cárceles miradas amenazas.
Dice y espera. Acaso su poema pueda mitigar un dolor,
aliviar una herida, guardar una memoria, ser bálsamo de una ausencia.

Testigo de su hora, cierta de la tragedia común, preñada de palabras
busca una tabla de salvación que la sostenga, una esperanza,
y escribe escribe escribe, escribirá, hasta que manos y boca callen
hasta que el excesivo corazón de amor fatigas y destrucción desangre.

 


 

SIN REGISTRO


Sin aprendizaje y sin registro he conducido tanto tiempo
Caminos largos y monótonos. Rutas estrechas.
Perseguidora de altos picos he acelerado confiada
en distraída brújula. He arriesgado seguridad,
vidas posibles detrás de itinerarios imposibles.
Tropecé con tranqueras, troncos cruzados, incendios,
con muros hechos de prejuicios, con aguas rápidas y pantanos.
Sólo en el mar hallé playa para el olvido y el descanso.

He conducido alegre con lluvia cantora, con soles cegadores
entre miedos, huracanes, agonías, silencios. Ayer, no más,
he tomado una curva cerrada , anteayer un ángulo recto
sin saber dónde me conducirían, cazadora de sueños sin red,
seducida por la oscura atracción de desconocidos vuelos
.
A pesar de los riesgos he sobrevivido accionando el freno
antes de lastimarme demasiado, antes de causar víctimas.
Impuse a la marcha una prudente velocidad,
Y al impulso una sensatez opuesta a mi locura.
He viajado años detrás de una promesa, multiplicando amores
para llenar con ellos el hueco que dejan las ausencias.
He gozado y sufrido las extremas rutas, deteniéndome sólo
a curar mis errores, a besar alguna herida ajena

He desistido probarme en la Fórmula Uno, nada menos,
competencia en la que quise arriesgar la vida,
inexperta copiloto de experimentado volante.

A pesar de tantos azares y cruces de caminos he sobrevivido
he aprendido a estacionar en el espacio que me asignaron.

Al fin, después de tanto, pude aprobar el exámen,
obtener, algo tardíamente, una licencia para conducir,
aunque andadas ya las tres cuartas partes de mi ruta queden
pocos kilómetros por recorrer antes de que el fin del camino
se anuncie, en un cartel de letras fluorescentes que, obligadamente,
habré de leer, aunque tenga los ojos nublados por el llanto
y las manos sean palomas aleteando en viaje de despedida

 


 

De dificil olvido


En los primeros meses del año del Centenario, papá examinó
la posibilidad de asociarse al Jockey. Junto a la prosperidad general
había crecido la holgura económica de la familia y varios
de sus amigos asociados lo animaban como una forma de sacarlo
de su carácter introvertido, de sus sencillas y austeras costumbres.
El Jockey por otro lado había triplicado la cuota en un intento de
lograr mayor exclusividad.
Los aspirantes, algunos como papá descendientes de los primeros
socios, eran muchos, ya que en dos o tres generaciones la clase alta
había aumentado el números de los nacimientos en progresión
geométrica.
Papá lo pensó, lo consultó con su madre y con su único hermano y
al fin decidió que hacerse socio era lo que correspondía a un joven
de familia y tradiciones como él, asentado en un elegante petit-hotel
de tres plantas en el prestigioso barrio del Socorro lugar donde se
había trasladado la familia en tiempos del cólera y donde acababa
de morir su padre, mi abuelo, de quien Luis y Marcelino habían heredado
un apellido prestigioso y una regular fortuna.
Buen mozo, mimado por abuela, pasaba su primera juventud
alternando sus estudios de leyes con algún viaje a Europa donde
visitaba a Marcelino que estudiaba bell-canto en Verona. A él
correspondía también cumplir con las rutinarias visitas a los campos
de la familia para controlar la buena marcha de los trabajos rurales,
itinerarios difíciles por malos caminos que emprendía solo manejando
un automóvil Fiat 509 que para entonces se publicitaba como el
más adecuado para viajar en invierno.
Recién a los treinta años, papá decidió casarse, eligió a una jovencita
de su clase, bella, soñadora y lo suficiente discreta como para
convivir con su madre, educar cristianamente a los futuros hijos
y cumplir graciosamente con las obligaciones de la vida social.

 


 

DATOS DE LA AUTORA


Yolí Fidanza, poeta y narradora nacida y residente en la Ciudad de Buenos Aires

Ha publicado en género poesía:
Libros unitarios: 1990, Edit. Agón “Entrañable Oficio” / 1992 Metáfora Edit. “Oficio de Luna Plena” / 1993 “Romance de Anacaona” Metáfora Edit. / 1994 “De Peregrinaciones y Prodigios” y “La voz de Aldina” / 1995 “ Mujer Celebración de luz y sombra” 1ª Edic. Metfora Edit. / 1997 2ª edición, Ediciones Iniciales / 1999 “Juegos de la Memoria. Mujer y Siglo” Edit. Vinciguerra
Antologías” El,Cantar de las Palabras” Metafora 1991 “Metáfora PluraL” Vinciguerra 1991 “Resonancias” 1993 Vinciguerra “Poetas Arg. Contemporáneos”
Edit. Eleusis 1993, “ Poesía Argentina de Fin de Siglo” 1994 Vinciguerra

Inéditos: “Testimonios del Sur”, “ Haikus Oraculares” presentado como libro de autor en el Segundo Encuentro de Cultura Japonesa en el Centro Cultural San Martín,

Participa con cuatro poemas del C.D. “Rita canta a los poetas”
Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés

En narrativa:
Participa en las Antologías: “ Veinte Cuentistas Argentinos “, selección de Ruth Fernández. “Cuentistas de Gente de Letras” “Cuentos del Zahir”

Actividades y Premios a partir del año 2000

Año 2000: Panelista en el 2º Encuentro Internacional de Escritoras, Rosario. Arg.
Invitada por el Cap. de Madrid de la Academia Iberoamericana de Poesía diserta en la Biblioteca del Retiro de esa ciudad sobre:” El tema de la mujer pre- texto de mi poesía”
Encuentro “Mediterraneo 2000” junto a poetas de España y América participa en diversas actividades poéticas en España, Francia, Italia y Túnez. Recitales poéticos en Palma de Mallorca y Barcelona.
Año 2001 Primer Premio en Poesía de la Revista Ser en la Cultura dotado de1000 pesos y publicación, 2º Premio Poesía otorgado por el Instituto Litterae de Altos Estudios Linguísticos y Literarios dotado de 500 pesos y publicación en la Revista del idioma Español LITTERAE
Año 2002 Diserta en el Centro Cultural de España y en la Asoc. Gente de Letras,
Tema:” Silvina Ocampo y Norah Borges, Analogías de dos creadoras de principios del siglo XX”
Año 2003: en proceso de edición “Fragmentos de un discurso amoroso” (poesía)
Su novela “De difícil olvido” concursa en el Premio Especial, Eduardo Mallea del Gob. de la Ciudad de Bs. As. , bienio 2000/2002