A si mismo

Durar, guardado por el dios.
ese improbable ejercicio,
ese alzamiento pules en la nocturna
desaparición.
En el poema duras. De su verdad
artificiosa extraes lo mínimo,
lo que alcanza para cruzar
de un amanecer a otro.

No amas, no amaste
el salto de la alegría entre luz y sombra.
No entraba en tu carácter. Leal,
el cielo gastó fuerzas horrendas
en rellenar abismos, cambiar rutas,
órganos, estigmas: el dios te preservó
de muchos males, guardándote
en jaula suficiente.

Mas cerca que muchos mortales
del halo inocente, al poema
lograste llevar tu furia inmóvil
(literalmente fulgor rojo contenido)
Y la humillación, la pedrada en la boca,
lució ante los reyes como escudo:
bestia tan débil solo podía
dar un pelo de sombra.

Pero ese filo hendía
la tierra y desgajaba el monte
con poder y auxilio asentados
en el sueño. (lo real pasaba traslúcido,
fugaz). La mente escindida
creó semillas, esperma
para nutrir más adelante a pequeños videntes.

Para durar. ¿ Hay, se conoce otra huella
probada? Sobre el mundo la mano
arma su prisión, su clave y las palabras
en el papel -personae- , arrojan pistas
como trozos cedidos a la noche,
mojones fosforescentes en lo negro, comida
y música: tu experiencia se hunde
en la luz anónima de dobles futuros.

 

 


 

Arte poética

 

El poema busca la mediación:
su móvil aura se anuncia
a la conciencia expandida.
Cuando el desorden refluye,
para encarnarse baja, tránsito
que no cambia ni redime:
sólo hunde la carga que transfiere.
Sin instrucción sobre su curso,
orientado por percepciones,
no circunstancias,
se trama, trastornando todo plan:
ya ha sido fijado por legiones
a las que su clave se otorgó
y con ella la dilución de la vida.
La vida por un murmullo inmortal.

 

De “Gran cerco de sombras”, Corregidor, 1982.

 


 

La invitación

 

A los que han declinado su corazón
y retornan de las ahogadas habitaciones
con la boca en cenizas,
a los que están desterrados
y no sabiendo
participan sin júbilo del mundo,
a ellos, mis parientes,
yo les digo:
vuelvan de la torpe provincia,
dejen en la puerta las palabras oscuras,
entren conmigo a la casa del fuego.

 

 


 

El cuerpo

Fuera de la luz
escucho cómo se propaga la secreta ambición
de una distancia imposible:
hablo de sus costumbres
como de hechos sucedidos
en un círculo ajeno y deplorable;
cuando en la noche
hacia el deseo avanza
digo que su necesidad no fue invocada,
que es sólo un terso, natural castigo,
y lo destierro
lejos del murmullo
de esta cruda pureza
porque de él nace un bien
y en él se destruye.

 


 

Bulbos

En un punto del año
el flujo de los matices
y el volumen del verde se entumecen,
bajan a los grumos de la tierra.

En el ojo,
cebado por la ilusión del clima,
eso se instala
no como muerte
sino como renuncia de la luz
y presión gris de la bóveda del cielo.

No es cierto, ni vehemente,
ese final que luce
como colmada exposición del ocre:
abajo, en el poroso,
el susurro del ciclo
impregna las escamas de las yemas
y aguarda.

Como almas fijas
esas cápsulas reservan su momento
mientras arriba, en el teatro
de la luz parcial y el aire amarillo,
se pudre otra vez
la carne regia de dalias y azucenas

 


 

Permanecen oscuras

 

Sola y ordenada melodía,
yo escucho, ocupo mi lugar,
pero en el interior de esta turbia costumbre
la consecuencia y medida de mi palabra
permanecen oscuras,
lejos del rostro exterior
y del sonido.
Mi próxima voz y movimiento,
calma o violencia en esta noche,
nacen de un largo fuego que recibo.

El conocimiento de mi fuerza
huye en el aire
o como una fugaz forma de agua
que la tierra consume.

 


 

Exagrama

 

Previamente saludos
al corruptible dios de la ciudad,
operación que hace propicio
todo cambio de fortuna;
un soborno,
para que la respuesta anuncie
lo que el alma espera.
Agua sobre agua:
las seis líneas
revelan progreso y logro;
adelante, el cruce del río
acerca alimento, música.

Las palabras de ayer y las de hoy,
aquel rostro y este rostro,
son iguales. Pero avanzamos
hacia un bien difuso,
como un rápido cuerpo de lobo.

 


 

Materia prima

 

Haber guardado sentimientos
(tu figura en el páramo
de la mente) es mi riqueza,

es mi alegría la lealtad de las lágrimas
y lo que se aparta del cuerpo
para entregarse como tema:

gran máquina soy moliendo
mis huesos como ajenos escombros.

 


 

El escindido

 

Nadie conoce como yo
la partición del alma.

No hay escándalo allí,
sólo pausa, música
no danzada todavía.

Ocurre pocas veces, como llorar
o morir.

 


 

Algunas cartas

 

En la soledad, el dolor ¿a sí mismo se denuncia en la contracción de los labios, en líquidos salidos de madre? La mente, su resistencia ¿cede cuando el cuerpo es atravesado desde el centro hacia la piel? ¿Se conoce más de un camino por donde lo real viaja al corazón para someterlo? No tengo respuestas: ni los versos las tienen. Trata de soportar. Más vale que me recuerdes no como la voz del oráculo sino como al que se abrió en el poema para unirnos en lo que resistirá, disimulado, para siempre.

 


 

Algunos sueños

Cuando asentiste supe qué significa
estado de reverencia: júbilo
apenas creído, conversión
y un hecho para siempre,
                                        el mundo
disipado y tú el paisaje
capturado en la luz
y yo el temor
de que el cuadro se desbarate
y cumpla su destino meteórico.

(Qué impotentes las palabras
que conservan el temblor
para el despierto sólo un instante;
vergüenza de las palabras
que no soportan el viaje del sueño).

Ahora conozco la purificación
que desespera, la pena del cuerpo
y lo que ha sembrado
tu imagen reunida
hoy vuelta a nacer, vuelta a morir
en el filo de esta orilla de sombra.
                                                    

                                                    3 de marzo

 


 

Tapiz

Posa la bestia como un dios
iluminado por su impunidad,
reinando
sobre el orden de las especies.
Bestias menores
al centro del jardín acuden,
existencia coral
rendida al esplendor de la armada cabeza,
más frágiles,
menos ciertas que el cuerno,
su marfil estriado rozando levemente
la falda de la dama.

 

Matices, sólo matices entre materia y sueño
cuando la esencia oculta
viola, recobra el mundo,
lo hace suyo a través
del puro pensamiento.

 


 

Jardín

Declives y conjuntos,
obra de un ser menos perfecto y claro,
vallas de ligustro y lilas,
matices retóricos
hilando la dúctil realidad.

Escena presente
que en la esfera de la mirada reina
y simula virginidad,
ilusoria virtud que ansía
y necesita la acción de amantes numerosos.

Dibujo que el ojo impregna
sin posesión ni dominio
pero al que otro poder más vasto
rige en el corazón,
péndulo por el que un jardín o mundo
se corrompe o es arena
o polvo o fuego
hasta la saciedad.

 


 

Una idéntica presencia

Hay verdad en este movimiento
que restaura en la memoria un mosaico impreciso,
similar y lejano;
entre ambos una fuerte relación,
una idéntica presencia,
descubre otro nombre,
un existir secreto
hacia atrás, en este sitio.

Sin embargo,
no he recorrido estas columnas,
nunca he tocado este panel oscuro.

 



Datos del Autor:

Rodolfo Godino nació en San Francisco (Córdoba), en 1936. Carlos Mastronardi, Alberto Girri, Raúl Gustavo Aguirre, E. L. Revol, entre otros, han valorado su obra en prólogos, estudios y notas críticas.

 

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