Para el inolvidable Diego Viniarsky

En tu trono
tu hamaca
tu cabalgadura

con un lápiz
una lanza
un puntero

agudo  cálido imbatible

un privilegio
inmenso
tu palabra
tu afecto

eterno desafío
desconsolado sosiego.



 

República ausente


Nadie riega la altísima palmera
que hoy
(veo desde mi ventana)
tiene un penacho nuevo

Nadie riega la altísima palmera
más que la lluvia

nadie la peina
más que el viento

no alcanzan lluvia y viento
para conjurar
ciento noventa y cuatro veces 
la media sombra

cuando se vuelve entera
letal
eterna.



 

La vita

Es hermosa,
dijo una campesina portuguesa.

Hay en este instante
en el cielo de Buenos Aires
unas línea delgadas
casi fucsia
cruzando el celeste-cielo

son las 5 y 12
y no puedo conciliar el sueño

es hermosa y tan corta
para tener tanto miedo

quisiera decirte
no me olvidaré ni aunque viva cien años
pero no podría volver a perderte

ni creo aquello de que es largo el olvido

es largo
es cierto
pero no es olvido.

 


 

Osorno


Hay volcanes con heridas
dicen
en el sur de un país vecino

igual que algunos amores
enseña la vida
 
el fuego queda abajo
y un día
sin previo anuncio
sin permiso
revive.

 


 

Donde menos lo esperes


Fue allí
en la única cita inevitable y fatal.
Entre lágrimas y flores
aprendí a respetar
las jugarretas
que a veces le tiende
el azar
a la muerte.

 


 

Mi ciudad (I)


Me está volviendo
lentamente
el cuerpo al alma.

Amanecí perdonando a Buenos Aires
que tenga río y no montañas
San Telmo no sea La Candelaria
y ninguno de sus shoppings
una vieja hacienda reciclada

Tu risa
con perder tu risa
yo no transo.

 


 

Mi ciudad (II)

 

Está llena de hombres mi ciudad
comienzo a descubrirlos
ellos
registran mi existencia
gentil
torpemente.

Si existen los hechizos
alguno
acaba de romperse.



 

Mi ciudad (III)



Hay tanto hombre sensible
en mi ciudad
como cigüeñas.
Exagero
soy injusta
bromeo.
Disfraces
le pongo a la tristeza.

 


 

Volvernos a ver


Recién ahora
ahora sí
llevarnos destrozado el corazón
era el único modo.
Hay amores
que sólo así
coniguen entregar el alma.

 


 

Tregua (I)


Buscan en la caja de herramientas
revolvemos la alacena
es inútil
no logramos descifrar la clave
ni apurar la tregua.

 


 

Tregua (II)


Es hora de bajar los puentes
sacarse la armadura
dele asueto a sus fantasmas
y pactemos tregua

lo estoy invitando
sólo
a una larga fiesta.

 


 

Cenicientas posmodernas


Al filo de otro siglo
hay mujeres que aún esperan
les calce perfecto
un diminuto sueño.

 


 

Agradecimientos


Desertores del nirvana
incansables viajeros
fila de malheridos esquivando consuelo
como tantas
yo les debo
estar cambiando la piel.
Hoy bordeamos precipicios
sin aquella vieja red.