Del libro: "Mientras duerme el inocente"

 

19

Yo he visto también
la semilla del ala en sus omóplatos

la mansedumbre azul
entre la carne negra y sudorosa

y he visto (al mismo tiempo)
sus dientes afilados
tentando al paraíso

he visto sus caricias
(con manos extremadas
alcanzando los bordes
de las piernas)

los he visto
hundiéndose estrellas en la nuca
(estrellas de infinitos vértices)
(estrellas de metal)

y he visto cruces en sus fauces
(como estacas)

y he visto también (al mismo tiempo)
un cielo ámbar
en las líneas redondas de sus hombros

(como una luz)

 


 

20


Digo finalmente que yo también
he visto
mi cuerpo adocenado

digo que he estado viéndome
en los pasos exiguos de los otros
y que he menguado el alma
(como ellos)
para evitar

Y tan abajo
tan inocente la risa
sin embargo

 


Del libro: " Los posibles espacios "

 

2

envoltura extasiada
la piel
alentando la insistente feroz
depredación

adentro
órganos como racimos
filamentos vibrátiles

en dónde / luego
la tensión trinitaria
nos habita

 


 

¿el viaje es esto entonces

un peligro in situ
una estampida
el estertor en la garganta
y el aliento que
se detiene
algo
por descubrir

(esa cadencia
cierta luminosidad)

esta cárcel de huesos?-digo

 


 

13

si no es posible
restituir
el lienzo

(la virgen aterrada
absorbiendo la sangre)

los velos acuosos
como carnosidades

(la virgen hilvanando
el himen fragmentado)

la empecinada fisura
en la conciencia

 


 

14

micciones y excrementos
interiores
anidando indeseados

flujos y sangre
esperma
y este dolor
(adónde)

desechos que intentamos
excluir
(y adónde)
en el cerebro

la mala digestión
de la memoria

 


Del libro: "La orilla familiar"   (inéditos)

 

a mis abuelos Agustina y Luis

 

(cap . la hija de su padre)

 

1

derretir la aurora con el cuerpo
(mujer que has de arder )
con aroma asequible
precisa en el reclamo
( mujer que has de martillar)
raspajes con corcheas
sones que te anidan el cuerpo
que no cejan
el abuso
de ser
una hembra que excita y que suspira
el himen
como si fuera un plumerillo
la infancia

 


 

(cap . la abuela, viuda joven como ella)

 

5

la muerte en off
es ese campo neutral
donde todo permanece
inalterable
la viuda corre el grito
sin garganta
-el grito que no cesa
el grito -
pasos, y pueblos, kilómetros distantes
sólo para conseguir
cebollas en el vientre
algo de carne en los bolsillos

la muerte en off
es el aterrador silencio
que acota cada bombardeo
destrozarse las manos
sólo para arañar
la raíz
arrancarse crías sólo para que prevalezca
la propia

la muerte en off
es fraccionar luego en la casa
para que todos puedan
comer
de ese pan que no tiene religión
ahora
ser republicano es un pecado
el cielo bate nubes en su contra
y el fuego se lleva las casas
como marcas judías
si el ángel negro es
el que delata
aún en su propia familia al traidor

la diagonal que gira hacia el océano
es un puerto y su gente
escapando
como sea posible
como puedan
- el grito que no cesa-
polizones del mundo
(¿emocionarse?)

retornar la memoria
sólo
para sorber la lágrima caliente
en manos de la abuela
la viuda que he de ser
y que aún desconozco
y elegir su dolor para calmarla
- que duerma en paz- le digo
-y el grito que no cesa- parece
que ya está

la muerte en on ahora
justifica mi canto paulatino
-que te duermas en paz-
que ya es suficiente
tu calvario

 


 

8

detrás del vidrio miro y ella
busca la piel de la falange
los ojos del soldado
que esta vez
no disparó
-¿ hay alguien ahí? - preguntan
-no hay nadie -dice él
estaban frente a frente
los cuerpos de animal
sudados y perplejos
uno solo de ellos
armado
-¿hay alguien ahí ?-repiten
cazador y conejo
el conejo temblando
-nadie- repite él
(el cíclope ya supo
de este juego)
y el hombre que se escapa
por el bosque
que no fue fusilado tampoco
pero que tuvo miedo
y el otro que sonríe
y que guarda el fusil
-no hay nadie -repitiendo
hoy se ha ganado el día
aunque no han de cantarlo
como un héroe
.
detrás del vidrio busco
los ojos parentales
la filiación dolorosa de esta guerra
-¿hay alguien ahí?- pregunto
mi abuela se levanta
silenciosa y de negro
como un corifeo lastimoso
quiere decir, no puede
los muertos no retornan
con palabras
mi abuela se toca el corazón
yo canto lo que calla
para que no se lo coma
nadie

 


 

10

en el desorden de los años
de la vida que roba que entrelaza
(sotanas blancas y cadáveres
calaveras de tinta
madrigales
dedos ausentes
desmemorias)
el alma
sólo el alma
(blanca como el pan)

(miga blanquísima
azúcar)
recuperando el gesto

 


 

(cap. la historia , ( ¿cuál?) )

 

a César Vallejo

 

-hay golpes en la vida -dice
y esparce la semilla
en el obrador
hay la mañana azul y luminosa
hay un canto entre dientes
hay esa flacura
y el arroz como solo alimento
-tan fuertes
tan certeros-
y cubre la semilla con la tierra
hay una lentitud
en esas manos
-yo no sé - dice
y el otro lo mira
en el silencio vacuo de sus ojos
en el lienzo que late
al calor de ese día
azul y luminoso
- como del odio -dice
y abrevia la frase
y riega los terrones que cubren la semilla
hay el perro que husmea
y un viento clandestino
un animal que huele
a excrementos y sangre
aunque sea ahora la mañana
azul y luminosa
hay cierta similitud entre los hombres
hay cierta similitud en esparcir la semilla
y regar esperando
hay una hoz también adentro del granero
un animal untuoso, embravecido
que amenaza la zanja y la celebra
- hay golpes - dice
martillos, coces, bombas
el portazo del hombre sobre el hombre
y rastrilla la tierra y cubre la semilla
como una promesa
como un ataúd
calla la hoz en el granero
el hombre de los ojos vacuos calla también
hay en ese silencio
una peste que hiende el paladar
en una arcada

 


 

                                                           a Juan José Saer


yo veo una sombra también
un calidoscopio de mí
las tiendas griegas
y Helena en la alta torre
el deseo era de ella
y es mío
la bella describe la silueta de Paris con su lengua
yo desprendo mis noches a fin de interrogarlas
Adelina no puede fornicar
pero sí puede Helena
de las dos soy un rostro posible
dos hombres me amaron también
¿la historia se repite o somos solamente arquetipos?
¿qué celebra el que canta?
¿qué descree?
veo una sombra y sé que estuve estando
los sitios se acumulan en mis huesos
¿qué habré de recordar?
¿esclava en Galilea o señora?
¿fervorosa creyente o paria?
Helena se devora al amado porque quiere el tesoro de Ilión
Adelina se mece
soy el rostro de ambas
la inocencia sostiene el esqueleto
pero es ambigua esta razón
de ser
sensuales y desnudas
promiscuas
o vírgenes de cándida pureza inalcanzable
(un coro de mujeres me sujeta a la herencia
me hostiga con sus voces)
yo canto lo que ellas me dicen
las sombras que me dictan
la salvaje manera de decir
Helena ha de ser perdonada
Adelina muestra su seno mutilado
y devienen las dos
evanescentes

 


 

                                    a Abelardo Castillo y Juan José Saer

-la grandísima perra -digo
la grandísima historia, ¿cuál?
¿cuál es la voz que dice esa historia?
un hombre en el balcón, transpirado y sediento
del último solcito
el otro en París, con aguacero
(canta Vallejo en las griegas tiendas)
-y Helena no es Helena -dice el joven
-la historia es otra cosa-
el hilo del teléfono es la línea frugal de los dos hombres
uno en la terraza
sudando el último solcito
otro en París mirando la niebla tras un vidrio
la niebla como una forma de baile
en la cabeza
en la lengua del otro
- el baile es de Castillo -digo
pero el otro, el de la voz en línea,
se esparce en la secuencia
en la voz que dice esa historia
¿qué cuerpo tiene aquello que se cuenta?
¿o son los espacios vacíos los que dicen?
el cielo en la terraza es un espacio azul, inerte
ni una nube
la niebla en París es tenaz
¿qué miran los que miran?
¿qué miraba Helena desde la alta torre?
¿por quién lloró?
¿cuál de los dos fue el hombre que poseyó a la bella?
¿tan bella?
la historia como un baile
la lengua en reverencia de palabras
-nada -dijo
-nadie-
- te llamo otro día - y cortó

 


 

(cap. el coro )

 

mujer 1

-¡ah!, ¿se podía elegir?- pregunta
ahora que ya es vieja
ahora que su vestido es negro, aceitoso,
que ha parido seis hijos y tiene
el vientre entumecido, lacio
el peinado tirante y esa sonrisa tiesa
y finita
-¡ah!, ¿se podía gozar?
era posible entonces dejarse tocar en la entrepierna
sin que los padres miren
era posible cantar con voz profunda
como chavela vargas
no como doris day
el pasito liviano
ese final feliz y tan yanqui
era posible cantar
un bolero
como si entrecerrara los ojos para él
                                  la nuca para él
                                  los pechos como frutas abiertas
y ese olor a verano
y las enaguas flotando el precipicio
la clara manera de decir que sí
-¡ah!, ¿se podía reír y no planchar
el ceño almidonado para que no se enojaran en casa?
como si fuera la calle la apertura
                      la noche la apertura
un corredor erógeno
un relámpago en la columna vertebral
-¡ah!, ¿no estaba mal tentarse con la risa de otro
                                              con el olor de otro
                                              con la cintura de ese hombre perfumado
que traía jazmines los domingos?
elegir qué ingles, qué palabras,
qué portazos pegar
cuando le pegan a ella las palabras dolidas
                                       las palabras precarias, amarretas

haber parido hijos y no haberle escuchado
ni un te amo-
nunca la caricia después de la descarga
nunca una manera de mirar diferente antes del desayuno
¡ah!, el frío la acobarda
es hora de cerrar esa puerta que viene haciendo ruido
es hora de prender el farol
y apenas descansar

 


 

mujer 2

la baba de ese beso
la saliva en la espalda
en la vagina
la yerma lascitud
de haberse equivocado
de hombre
los corpiños al borde
de la cama
las enaguas que retienen la seda
no hay canto primoroso
no hay gemido grito rasguño gutural
espasmo
no hay nada
hay la pared y su humedad
como un augurio
el olor hueco de sus crines
sobre el desaguadero
ella tensa las manos
en el hierro
se sujeta de la cabecera
él empuja la queja más dolida
ella hace silencio
los corpiños al borde de la cama
una ladera montañosa
la roca de por medio
haberse equivocado de hombre
el hueco de las crines
no hay roce caricia extremaunción
no hay nada de nada
se encoge frugal ella
él avanza las crines y el quejido
taladra la madera del abdomen
los músculos más tiesos
se agigantan
las noches
pesadillas del aire la baba en los pezones
nada de nada
en el vejamen sólido
en el entretejido de las mantas
ella reza para que pase pronto
él oscila las crines
las masa de su cuerpo
no hay más techo no hay sigilo
no hay ternura
no hay nada de nada
ni acaso rebelión
habría
él se come la zarza en ese grito
ella detiene el rezo
él bosteza
ella gira en la cama
el pueblo es un espectro
una calavera amenazante