Pequeños poemas


Desde el alero,
insospechada,
una luciérnaga
enciende este poema.

*

Mientras ibas y venías
ya es fruto
la quieta flor del naranjo.

*

Cardo
Soplo sobre un soplo,
te dejo ir en paz

¿a qué otra infancia?

*

Por la mañana, después de la lluvia,
esquivando caracoles del camino,
es bueno llegar tarde.

*

Tal quietud,
transpiran las hojas
inminencia de tormenta.

*

Bajo el gomero
aleteos de verdes
caídas secas.

 


Antología Esencial (1987-1998)


 

Pablo, que tiene nueve años


Pablo, que tiene nueve años,
me enseña un panal destruido
(ambos coincidimos seriamente
en que se trata de un panal de avispas)

Sobre estas construcciones, como otras minucias,
plantas o flores que encuentra y considera interesantes,
nuestros conocimientos se igualan, se trenzan,
y al fin acrecientan, tanto su firme tallo
como su curiosa raíz aérea.

A Pablo estos hallazgos, sin dejar de sorprenderlo,
le son tan naturales e intensos como la sonrisa o el llanto.

Pablo tiene mucho por enseñarme aún
puesto que para él la hierba se abre
tan solo a un paso nomás.
Mi deber es por su claridad,
por nuestra infancia.

 

Antología Esencial (1987-1998)


 

He nombrado por estos días...


He nombrado por estos días frutas delicadas,
frutas de sabor lumínico capaces de colmar una mañana
cuando de paso por el mercado tropezamos
con un aroma a duraznos que nos persigue
y se instala ya en nuestra voz, en nuestros gestos,
o acaso, más sospechosamente, en una sonrisa.
He cubierto por estos días cuadernos con nombres de frutas,
sé que han contribuído a tal empeño
el verano, mi amor, el poema de los amigos,
tanto como la mínima flor de manzano
que lenta se obstina y logra gestar su carne solar.
Sé entonces que a un paso de las frutas
se abren franjas de sabor inacabable,
y que hay veces, nos ocurre a veces, que la vida es
como morder una pera que se hace agua,
o una tajada de sandía que nos chorrea desde la boca.
Ocurre que el verano, mi amor, los amigos,
ocurre que las frutas,
y es delicioso nombrarlas.

 

Antología Esencial (1987-1998)


 

Inconcluso

Conozco (entro y salgo de)
un viejo poema
inconcluso,

dice algo así:

"pequeñas
flores naranjas
visitadas
por
abejorro negro."

No soy su autor
puesto que,
como lo he advertido,
aún no está terminado,
por lo tanto
tampoco se ha concluido
su autor,
(aunque en este caso
exista la ventaja
de saber
quien ha de ser).

Entonces
sobresale la idea
de que el autor
también
se edifica en el poema.

Cuando lo termine
se los mostraré
diré:

-he aquí mi poema concluso-

No sé si para entonces
seré más feliz.

No está del todo mal
saberse custodio
de un poema inconcluso.

Pero prosiguiendo
con el cómo
de su resolución
puedo precisar
que
básicamente
ésta se reduce
a un problema
(a todo esto,
acepto ayudas,
la poesía de un autor
también es
la poesía de sus amigos,
entonces:
el poeta es
uno que es plural)
El problema,
en eso estábamos:

¿cómo decir lo que se oye
en aquello que se ve?

La solución propuesta sería:
«Zumbido negro sobre naranja»

Pero no me tiene del todo
satisfecho,
me quita,
me induce
al sueño:

                 sueño naranja y negro
que se va y regresa
como el abejorro.

Otra sección,
agregada a posteriori,
no menos fundamental,
se preguntaría:

¿La poesía –toda-
se compone
de obras inconclusas?

y luego

¿A fuerza de fracasar
qué es el fracaso?

¿Pero porqué esta sección,
qué importancia
tendría
en un poema ya
concluso?

¿O es que acaso
he desistido
de arribar
a su punto final?

¿Acaso el proyecto
sea
la construcción
de un poema
que permanezca inconcluso?

Quién sabe.

Quién habría de saberlo

 


 

Sol

El mismo sol, esquirla en mí.
El que quita la humedad de las semillas
puestas a secar en un pocillo sobre la arena.
El mismo sol que en la tarde aureola
el germen que regresará
de la muerte a la luz, y puede
con las arrugas del lenguaje,
con las colonias de sus melancólicos vicios.
El mismo sol si metido
en un pocillo de café
o sobre la hierba
abierta al cielo,
o en mi sangre,
canto en mí;
el mismo sol, el mismo cielo.

 


 

El mediodía pareció quebrarse en un trueno


El mediodía pareció quebrarse en un trueno.
La tarde, como en un cuadro de Bruegel,
transcurre a oscuras mientras yo en su seno
me guarezco. Afuera zinnias, del largo letargo
del sopor buscan alzarse. Cuando al fin
la lluvia llega, bajo el filo de una tenue luz,
pisándome la sombra, renuevo votos de silencio.

 


 

Bajo la lluvia del sur las zinnias alcanzan


Bajo la lluvia del sur las zinnias alcanzan
a tañer cuerdas por sobre el color de marzo.

Marzo huye con el agua del verano
y baja las gradas en donde esperan ocres
alimentados de cenizas de hojas.

Bajo la lluvia las zinnias, su alma en suspenso,
criba la soledad de patios cercados
por tapiales que han oscurecidos
los diminutos grafismos del musgo.

La palabra soledad, limpia y acerada
bajo la lluvia brilla como un astro

lejano, frío y fuerte.

 


 

Laurel


Lo alto del laurel.
La altura
de la última rama del laurel
respira otro aire
que mis huesos anhelan.

Mis huesos quebrados,
mis dolores adosados a los huesos,
mi paciencia y el aire
de la última rama
se desean.

Un deseo alto como el laurel.
Una palabra limpia
como la altura del laurel.

El pozo en donde me acuesto.
el río en que lavo mis vendajes.
La sangre que corre por el río
lleva impresa la imagen
de las últimas ramas
del laurel.

 


 

Los diez mil pinos


Los diez mil pinos que oyó Li Po en el tañer del laúd del Monje Chun
no eran la gracia del verdor alzado
allá en las laderas y valles del oriente,
no el paisaje de una tierra añorada desde la distancia
a la cual la música arranca del territorio que linda al olvido.

Li Po oyó los vientos de su corazón y así
interpretó los corazones de su tiempo,
allá en Szechuan y sus alrededores, –no es posible
conocer los lindes de los círculos en el estanque claro,
se parte del misterio
que origina el impulso sobre la piedra,
los círculos concéntricos del agua
abarcan todo el lago-.

"Mi corazón se purifica como el agua que fluye"
cantó Li Po, y fue acertado referir a los diez mil pinos
elevándose sobre eras de error, inalterados.

Cantó Li Po su palabra viva
y el lamento del viento entre los pinos se interpuso
entre mi lectura y el silencio:
ráfagas, quizás todo el poema más allá de las palabras:

Espíritu vivo entre letra muerta.
Szechuan y sus alrededores.

 


 

Molino


Sobre el verde místico de una mañana de niebla,
como una aparición: un molino;
si nos acercamos a destrabar
la palanca que acciona el mecanismo de sus aspas
chirriaran en nosotros como almas
liberadas de un oscuro tormento.
El olor animal todo lo sume
en una infinita paz
de un mundo recién creado.
Pero ¿qué es un molino?
venimos de la ciudad donde todo zumba
y el óxido es execrable. ¿Cuánta agua
necesita un molino? Quizás
tanta como sueños necesita el hombre
y verdor para brillar más alto,
y viento para crujir como un loco, y paz
para arder bajo la luz.
Un molino, acaso un espejismo tan real
que cuesta tiempo y paciencia habituarse a él.
¿Es todo esto un molino?
Al menos comienza así:
un nudo de poesía
que no nos atrevemos a desatar
de un solo tirón,
una inmensa cuestión plantada
en las orillas de una gran lejanía.

 


 

El mismo grito


Con vehemencia regreso
día tras día a la palabra
que repare
la roída armonía.

Un sueño del destino se desprende
si una evanescente metáfora
cubre el mar
del abrir y cerrar los ojos.
Una y otra vez pido
a la materia pura y a la impura.

el mismo grito:

la insistente locura
que me salve.

Si la palabra fuera del tiempo arde
el alimento es el asalto.

Esta tenaz vehemencia me sostiene.

 


 

El buen color del día sobre las hojas de acelga


El buen color del día sobre las hojas de acelga
castigadas por largas lluvias y langostas.
Hoy es el color del sol, y recuerdo otros ritos,
los perros se desperezan echados en la hierba,
nosotros despejamos nuestras mentes que aguardaron
tanto tiempo guarecidas en nubes dolorosas,
tomamos mates junto a tapiales laureados por el musgo,
remamos en la luz y tenemos el buen aroma del día a nuestro lado.
Puede que mañana sea mejor, al menos igual, o quizás no tanto.
De todas formas la langosta proseguirá con su tarea,
comerá sol, mientras el musgo
morderá el ladrillo rojo que guarda nuestras casas.
Esperamos que este aroma no se vaya,
nos devore con paciencia
y se preste, al fin de la jornada inevitable,
a despedirnos envueltos en el color del sol
que captura el aire y enardece la tierra
cuando las lluvias cesan.

 


 

La fuerza del asunto


A primera vista creí que se trataba
de un papel o una bolsa de polietileno
en suspenso a una altura un poco mayor
que la de una casa de dos pisos.
Tras una nueva mirada me sorprendí:
aquello era una garza de las grandes
o quizás un tuyango;
volaba muy alto y el sol de junio
bruñía al azul como a una piedra,
no tuve objeciones en que debía
de inmediato escribir un poema
aunque la inspiración me faltase
y sólo contara con el tema.
Comprendí que todo lo que dijese
se apoyaría apenas en las palabras,
todo cuanto dijese debería
descansar de las palabras y verse
subyugado por la fuerza del asunto.

 


 

Ningún perro


Ningún perro se resiste a un hueso
pero los chicos tienen hambre en este país.
Por la noche se oyen ladrar
a los perros que no han comido
pero los chicos son hijos del silencio,
los ves en el olvido de los caminos polvosos
o en las urbes mugrientas,
quizá a la vuelta de tu esquina.
Los perros tienen sociedades que los protegen,
los chicos tienen sociedades
que imaginan buenas excusas,
la imaginación dice: leyes de mercado
y nadie entiende nada pero hay que estar de acuerdo,
la imaginación dice: delincuencia juvenil
y todos se vuelven moralista,
dice: superpoblación
y superabundan los moralistas,
dice: caída del salario promedio,
línea de indigencia, desocupación
entonces la imaginación baila y se excita
y se publican hermosos estudios
con la mejor tecnología window,
dice efe-eme-i y no hay nada que hacer,
los chicos pierden todo lo que tienen
y adelgazan mientras otros engordan
y eructan satisfechos.
Por que un hueso no se le niega a ningún perro
pero los chicos deben reunir muchos requisitos,
llenar numerosos formularios,
adecuarse a las tendencias neoliberales,
hacer cursos junto a banqueros y políticos,
jurar por la patria que la historia ya fue,
y todo eso sólo
para cubrir necesidades básicas,
para llenar la canasta mínima de la sobrevivencia;
y el idioma se les hace muy complicado
la estructura los asfixia
y si aman a algún militar
no es Perón ni San Martín ni mucho menos Videla
se tatúan en el brazo el rostro del Che
y hablan su media lengua que no tiene madre ni padre.
Pero los perros ladran en la noche,
mientras los chicos son unos ojos oscuros sin brillo,
hay uno a la vuelta de tu esquina,
otro quizás ya no,
la codicia y la "imaginación"
apagó su llama débil,
pero tu mano tiene calor,
y tienen fuegos tus pasos...

Pero qué estamos haciendo cuando vacilamos,
qué estamos haciendo cuando no hacemos nada.

 


 

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nacido en la ciudad de Sta. Fe, República Argentina, el 27/12/61.

Libros publicados

Algunos premios y distinciones

Traducciones

Parte de sus trabajos fueron traducidos al alemán por Renato Vecellio, y publicados en revistas literarias de Austria y Alemania.

Colaboraciones

Colabora en diarios y revistas del país, y forma parte del consejo de poetas de la revista "OMERO poesía"

 

Datos Obtenidos de: http://www.poeticas.com.ar