Del libro "Ardores en puntillas"

 

Caballos

Mi padre
    el caballo
sube al viento
aguacero
soledad
no hay estaño para soldar
melancolías
el caballo es el hombre
hendido en el surco
en la mansa sombra
de su sombra
la codicia del alma
bienhechora
la sed de sal
la del caballo
ensimismado
mancha contra mancha
la tortuosa sensación
del sudor
la boca con espuma
el bridón
mascado con la lengua.

 


 

Disimula el hartazgo
la sed
de su semblante
el ser entero se comprime
y distiende
arriba
en el frío corcel
de su alborada
a tientas saca
mansedumbre
rapto de amor
desasosiego
en el caballo
arriba
rinde homenaje
a lo que fue
desintegrado
eterno
en el caballo
ríe
a boca de jarro.

 


 

Rechina la montura
en el caudal de piel
en que sumerje
su sensación
tras la cincha que aprieta
panza animal
vientre adolorido
la verija suda amargo
y resiste
resiste en el andar
sin crin al viento
sin mensaje que llevar
un trotecito
un trote
parecido al silencio.

 


 

En la boca
el caballo
soporta el tirón
las sinrazones
del de arriba
o esa suavidad
que lleva a girar
es bueno el tirón
el suavecito
en el anca
las burbujas del aire
el ocre del viento
el de arriba
sabe hacerlo volar
desde la boca
por sus piernas
que aprietan
y le dan
ganas de salir
al galope
al galope
como al otro lado
del mundo.

 


Del libro "El guerrero"

La madre


No es posible fingir
Las madres cantan
canciones del ayer
cuando se tienen
cuando no
se despide dolor
y se trasmuta
a otra pesadilla.

 

 

La madre acuna al niño
envuelto con espumas
tan suave
tan pequeño
y lo unta con hiel
de sus entrañas
mujer desarrapada
que clava el puñal
en la ranura niño
y lo dispone
para la batalla.

 

 

Desasosiego siente
en los pies
en las manos
no puede la caricia
el silencio el llanto
apremian
no hay canto de cuna
en la memoria
gastada
por las culpas de otras
es lo que no quiso
y empuña un niño
como única arma.

 


El niño

 

Un pañal cubierto con retazos
se huele en el tiempo
el hedor rompe
la cándida niñez
el campo
regado de amapolas
irrumpe en él
con la vorágine del viento
le hace decir que no eligió
ni talla ni armadura
Sólo el silencio.

 

 

Soltar la cuerda que ata
al caballo y andar
el campo afuera
adentro la piedra
donde cabrá el mundo
cortado por la espada
línea por línea.

 

 

Urge el deseo
la mano agrieta
debe salir al campo y redimir
al sol al viento
la piel de niño grita
que quiere ser
hombre y se deshace
en los primeros
fluidos nocturnos.

 


La joven

 

Los pezones del guerrero
pican
y piensa que no puede
sentir lo que siente
si es un hombre
y el ardor baja
y despierta
su virilidad

La joven
el pelo en la cintura ronda
roza su mirada
como el vuelo de un pájaro.

 

 

Riega la tarde con su ardor
en el establo deja de ser niño
un tinte de guerra
se presenta como un frente
su espada
el poder de las entrañas
envaina el cuerpo en ella.

 

 

Qué se hace ahora
con el dolor entre las piernas
con la mujer que mira y busca
en este establo
en este cuerpo
preparado tan sólo
para la batalla.

 


Del libro "Alba"

 

/Arrastro mujeres en mi río. Vuelven, se
repiten. Puedo cruzar la distancia. No
detener el tránsito de agujas. El bordado
está escrito en la piel./

 


 

/Las madres cosen hijas. Punto por punto.
Hay que desenredar los hilos si hay
maraña. Mis ojos celestes como marcas.
Señuelos en la tierra oscura./

 


 

Hilo tras hilo recubren. Tapan. Bordadas
algunas pespunteadas otras todas arman
la trama.

 


 

El vestido se pliega y despliega. Lo
blanco envuelve. Es tan pequeño el ojal
donde atraviesan sus humores. Religión
de una métrica implacable tras el hilván
para cerrar la hilera de ojales. Ojitos que
la miran llorar de tanto en tanto.

 


 

Piecito de metal recorre engarza el
pespunte. Arriba, abajo. Pie de niña se
detiene y duda. Renquea en su universo
de raso. Como una bailarina talón y
punta. Forma ciudades. El mundo se
despliega. Blanco. Es de plata y brilla en
la noche. Hacia atrás, descose el día. Por
el mismo camino. Punta y talón. El
recorrido se repite. Siempre en el mismo
sitio.

 


 

Oscilan los ojos tic tac. Las manos
tensan. La tela corre bajo el hilo, aguja
aprieta, cabalgadura que no cesa el galope
quiere escapar la tela siente que puede ir
más allá. La mujer sostiene ojos que
oscilan tic tac. La lámpara fija. Hay que
forzar la vista y el destino. Ella tensa. Lo
suficiente.

 


 

Una vez vio a su madre llorar. En la
cocina se cuecen habas. El padre dice
basta voy murió mi madre, no podés venir
dejar las hijas el campo lo que queda.
Tengo que ir y duele el alma. Ella llora.
El delantal en los ojos. La niña, tiesa,
detrás de la puerta.

 


 

/Murió la abuela y en el pecho un dolor
escarba. No es por ella. Mi padre ha
llorado. Nunca llora mi padre. La muerte
pasó cerca. Atravesó los ojos de mi
madre. Una mujer de la familia
ha muerto. He dejado de ser inmortal./