Mujeres del montón

Mujeres del montón
soy
barriendo la vereda con el batón raído
mujeres fastidiadas
soy
moviéndome los labios
por si algo ocurriera de distinto
al cómodo lugar de la rutina
soy
cuidadora/sumisa
del agobio y los ciclos y los dioses
hurga en los umbrales
el gesto del escándalo y del mito
soy
mujeres admiradas
que mis madres amaron
que mis madres odiaron
mujeres soy
de cabelleras rápidas sin cremas por las noches
saliéndome de cauce
soy mujeres de la plaza
y mis hijos custodio en cada hijo
conspiradora soy
del orden que me oculta
permanezco/cambio revelo en rebelión
la vida me sucede

 


 

Vientos Promisorios

La copa desnuda del otoño oscila en antiguos atardeceres
de fábricas quedando hacia el sur.
Sólo los ciclos vegetales se repiten
de pie y desnudos los árboles traen el viento del oeste
que en latitud urbana es tanto frío
hay que cobijarse solicitar al alma que esté tibia
que envuelva su edredón de seda
y persista en las calles con la gente
en la fuerza de los bombos
del megáfono
en el terroncito del mate o el canto de las luchas
que persista
sublevando discursos ungidos al saqueo.


 

Es junio
al volar de un pájaro nocturno
árboles austeros sobreimprimen
tu lejana esbeltez recorriendo mi mano
No pintamos la mancha de humedad
Y ya no importa
Los vientos del sudeste
desmadran los cauces pútridos del río

 


 

Mandatos

   I
Mi madre
no supo del género y la clase no creyó en dios
no caminó otra vida que la casa
su feudo gobernó en patio reluciente lavó toda la ropa
y
no soñó otro sueño que volverse
al sonido de las madres con sus hijos
multiplicando pan en el desierto.

II
Gemir parto tras parto
el gozo de otras madres en sus hijas
trizar más ajo y perejil para el almuerzo
conservar el lugar que le designan
cuidar el tiempo de los otros
devenir escasez en vida propia
por pertenencia al sexo que la oculta.

III
El mandato de mis madres
negrea como un pájaro avariento
junto al rostro que me observa en la ventana
persigue maldiciente la sombra que me ocupa
se agacha sospechando una revancha
se acuesta con el hombre que me espera
cobra en pretérito
toda poca libertad que me renguea
y aunque nada sabe
de conciencia social y de utopías
retarda mis pasos por la tarde
temiendo que otro rostro
el mío
ande por la Plaza de las Madres