CREÉS MIRAR LEJOS

 

Creés mirar lejos
pero son tus manos que palpan lo oscuro.
Deambulan por un ancho vacío
y de pronto caen, se cruzan,
nunca para rezar
sino para sentirse menos solas,
o para volverse oscuras y vacías
como ese aire que las nutre.

 



 

ACERCA DE UN VIDEO DE EZRA POUND
                                                                   

                                                                        a Eduardo Dalter


El “tío” Ezra , acompañándose de un bastón,
recorre un camino arenoso lamido por las aguas.
Ingresa en una iglesia vacía
y se sienta en uno de esos largos y lustrosos bancos,
tan típicos, con su reclinatorio posterior.
No reza, da un giro mínimo, hacia la lente que lo busca
desde el pasillo principal.
Es él: il miglior fabbro, el impulsor, el erudito.
Una figura magra, un ojo anciano
en los corrales de la luz y la sombra.
(Uno de sus poemas se oye al fondo
y más al fondo golpean las aguas.
Pull down thy vanity –así resuena la voz temblorosa.
De lo que amas no te privarán –había dicho antes.)

Entonces vemos que regresa de su paseo matinal.
Lentamente viene hacia nosotros.

 


 

ELEMENTOS DE LA FLOR

 

Las manos como un cuenco     
      riegan la flor
           para que entregue su fragancia.

       Agua por aire cambio.

                           Aire de vos,
                                         mojada.

 

 


 

DEL CORAZÓN SE TRATA

Como Locche, resiste a su modo.
Zarpazo más, zarpazo menos (rozaron, pasaron ya).
Lejos de cabalgatas áridas y de fatigas.
En el día, ante lo que se mueve en nombre del destino,
parece canturrear.
(Es único.)

 


 

USTEDES, IMÁGENES

Ustedes, imágenes
que no liberan ni condenan:
deambulen, solácense más o menos cerca
de la textura o el canto, festines de Maya,
crines, glorias carnavalescas.
En definitiva, vida sensoria son
(sus ráfagas, cordial derroche). Observo cómo se hamacan, lúdicas.

(Saben que cada día yo las protejo de la muerte.)

 


 

LE PENSEUR-1880

Con la pose forzada
ningún horizonte se entrevera.
Amargo rey que liba en los zanjones de la infancia.
Mole, quietud sin liberación
(un surtidor de náyades desbarata el futuro).
Extraño rey: ¿cómo es posible estar y no estar a la vez?
¿Quién forja el pensamiento?

 


 

ELOGIO DE LA EMOCIÓN TARDÍA

De mi helenismo tardío de cincuentón acorralado
poco puede esperarse.
Los nombres que Homero prodigó
para la permanencia y la metáfora,
reniegan de mi oficio.
Troya,  Hades, Itaca: cielos ahora indiferentes
a los designios del amor.
Cada generación se prueba túnicas,
reescribe diálogos, se despacha con fárragos de citas y alusiones,
conmocionada ante esa enorme, inextinguible ceniza.

(Yo soy un impostor que gime porAriadna,
un pálido convidado de piedra.)

 


 

ACTUALIDAD DE LA TRISTEZA

 

¿Tendrás un firewall contra la tristeza?
¿Un adaptador de última generación
para que este caballo siga y siga,
y a la hora de beber el charco sea emoción del paisaje,
y el olvido un hallazgo en el aire,
una palpitación ajena al infinito pudridero?
Los chinos alojaron la tristeza en los pulmones;
con todo respeto por su reino explosivo,
yo propondría un sitio mucho más popular: las bolas.
Aquí decimos bolas-tristes, ¿no?
¿Alcanza la perplejidad del ser en el carnaval de la desdicha?
¿Y lo demás? ¿Almas del paraíso, samadhis, reencarnados?
¿Cuánto de enjuague cerebral y jugo de prozac
requerirá mi aplauso, mañoso de por sí?
Entonces,  que la electrónica se acerque y nos ampare,
como si fuera una cosquilla para vos, para mí
contar con esa viejecita de tan poca prensa: la tristeza,
tristeza de los hombres que pasan.

 


 

ALLÁ LA VOZ, LA MÚSICA

Ni con los teros del temor,
ni con el cocoliche dulzón de la garganta,
tampoco con las piedras que tiramos al río
pudo hacerse el poema.

Tal como entonces, la comadreja mueve
con hocico pragmático su cría, reasegura el tiempo.
Faltan aquellas piedras, claro, y no hay voces
venidas de Calabria a colmarme de amor.
Pero el miedo es un lecho donde yacen ahora
la carroña y la máquina.

Infancia: ¿todavía construyéndote en mí?
Benvenuta nostalgia.

 


 

UNA ENTREVISTA DE TRABAJO

Yo quise traspasar el umbral de los cerdos.
Comí con ellos bajo el espíritu de las edades,
con la parte cautiva de mí,
con mis orígenes de pobre tipo fiel.
Fue inútil: la verdad, como una rosa fría,
sangró por mi boca.


 

LA SEÑAL PRECISA

El dogma del corazón nos hizo fuertes
(pero nunca supimos si la historia del amor humano
abrevó en el suburbio, o si aún se escribe
ante una luna temblorosa y porfiada).
A empellones regresa nuestra sangre,
tropezamos con sueños y banderas caídas,
en el rostro del enemigo conjuramos la profecía desolada.
Una mezcla de días y de noches brama como viejo dragón.
Todo el pasado está encendido, tras la cerca, afuera,
como esas luces de hospital.
Pasa un rencor que anduvo zigzagueando,
pasa la niña de aguas cálidas, suspira,
pasa mi gato soñador.
Al fondo de un placard miramos la señal precisa:
nudos en el pañuelo de la madre, 
pilatos perfumados que la noche recobra.


 

POSTERIDAD DEL PARQUE

Trabajo vano de los cuerpos.
Palabras
por cuyas líneas disipadas
se empecina el rastro del amor.

Y el sol quema estos álamos. Siempre.


 

LO QUE NO CALLA

Pierdo “visión de tablero”
(como supongo le sucede a un toro
cuando avizora su objetivo).
Alguien podría aducir
un “fuera de contexto”
(y no andaría lejos).
Como una pena sin pena,
como un destino sin destino,
la “vía negativa” de Meister Eckhart
en su versión doméstica.

Y de pronto se condensa un poema en la mente.
El paisaje es el mismo, la desazón también.
Pero ahora hay un poema en la mente.


 

UN SURCO

                                               a Graciela Zanini

Nadie tiene acceso
a la experiencia real de quien escribe
casa, amor, barcos, distancia,
la rigurosa relación del hombre
con sus cuitas
mientras llegan las cosas, golpean
con nudillos de plata,
golpean con áspides de bruma,
y es raro estar enmascarado
tras el velo de la pasión poética,
abriendo un surco tal vez,
echando harina o arañas de la mente ahí,
se conjetura
anduvo por aquí ese hombre,
pudo callar y no lo hizo.


 

COMO RAMAS SECAS

 

recuerdos que se queman como ramas secas
                ceniza improductiva
                                 donde no vibran glándulas ni manos

en la memoria duermen su distinguida ajenidad
                                                  sin aroma ni lágrimas

pérdidas     alzheimers
                                que la vida preserva

 

 


 

LENTE INFINITA

                                                         a Bruno Francisco Tallarico

Hay un espacio para gobernar con la mirada
y un espacio para gobernar con los ojos.
En el espacio de la mirada me deshago,
en el de los ojos, recomienzo.

Ir y volver, de eso se trata.
Partir de una escritura conmovida
o de una esquina soleada.
Pero volver: del polvo a la inocencia,
de la extensión a la perplejidad.

Ir y volver. Como el acróbata
que debe recaer en sí mismo
y entonces transfigura ese aire que atesora
para saciar su vértigo.

Ciudad donde campean los colores frugales,
los pequeños olvidos.
En eso están los ojos al testimoniar,
procurando que nada se pierda en el espacio,
ni la estampida de la luz, ni sus reflejos.