Vaca negra


Resabios bucólicos
templando aquello
puesto a la entrega
de la desintegración.

Allí,
donde duermen
las miradas
que fundieran su tinta
entre licores ponzoñosos,
te lamento.


Pero,
donde afilé los rayos,
hurgadores de cárceles,
bebiendo jugos almibarados
no he duelado a nadie.


Por eso,
Vaca Negra,
de algún dios desviado,
te ruego
conserves los manjares
de tus carnes verdes,
para que el próximo
que incursione
por los filtros del futuro
no esté muerto.

 


 

Agazapado entre las musas


Ardía un sol de Capricornio
agazapado entre las musas.
y ella,
murmuraba
su encanto de truenos redondos
como un pez codiciado entre sirenas.
Luego,
saltó a la ranura del prisma inagotable,
fue barro de sal,
pétalo transformado
en agua nueva.

 


 

Fuego sobre agua


Tomo agua del ocaso,
sacia la sed
pero no agota mi tomar.

Tierra si no estás muerta
bajo la negra grieta
y te hundes en certezas

Aguanta
fresca entre las matas
el fuego eterno,
verás...
simplemente
insiste si existes

 


 

Boca en selva


Muerta de goce
caen sus piernas,
toca el horizonte
y ordena que me detenga
justo
donde se derrama el sol
a orillas de su boca en selva.

 


 

Me aconsejaron matarte


El silencio me pesaba más que de costumbre.
Algunas palabras abrazaron violentas melodías
rumiando el vacío de la espera,
otras criaron nuevos dialectos de pasiones
avanzando hasta disolverte.

Pero el límite sustancial
aún no habría llegado,
atravesé condados
reiteradamente hasta encontrarte.
Desviada por los fríos ríos de otras épocas
conquisté a mi propia madre en tu desierto.

Desde el filo luminoso que inventamos para andar
miré hacia abajo
y arrinconé el vértigo de mi sonrisa
suscitada en el doblez de una imagen en red.
Fue así que el paradójico miedo a la idiotez
creció odiando y amándote desde el silencio.

Descentrada en la razón de un nuevo ser
tomé el mando en la trayectoria de una bala.
Me aconsejaron matarte amada mía,
y sé que me faltó corazón para darte.

Envejecida en el infierno
deseé la estética de un futuro posible
sin la decadencia de tu arqueológica mirada
en ausencia del amor.

 


 

Querida I

Conozco
la ignorancia del amor
en todos los idiomas.

La desventaja
de la desesperación
quebrando cielos que nunca sangran.

Impotente
atado a un arado
pierdo letra y corazón.

 


 

Querida II


¿Estarás allí
cuando salte del eucalipto?
Reconocerte
será poder recordar
tus notas prolongadas en el tiempo.

Por lo demás,
sueño otros encuentros,
hambrientos de cielo,
sobre tu piel,
riendo.

 


 

 

Querida III


Más cerca,
es un pedido.

En una clara mañana
sonreiré abierta a la verdad,
la única verdad
y la más verdadera de todas.

Amaré
la nostalgia de recordar
y la amenaza de perdonar.

Intenta
acercarte más.

En una mañana clara,
dicen los que saben
que al irte no te fuiste
y olvidaste despertarme.
Desde entonces
vives en uno de mis sueños
soportando mi piedad.