Carta abierta a mi nieto o nieta

 


Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de concentración. Poco antes o después de tu nacimiento, el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de distancia. Él estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al campo de concentración Automotores Orletti que funcionaba en pleno Floresta y los militares habían bautizado "El Jardín". Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron -y a vos en ella- cuando estuvo a punto de parir. Debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a parar -así era casi siempre- a manos de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez, o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra para cada campo de concentración: los anotados esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y, con alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después. Han pasado 12 años desde que los militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En cambio, en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron de cemento y arena y arrojaron al río San Fernando, se encontraron los restos de tu padre 13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa certeza.
Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado del Vaticano, en febrero de 1978. Desde entonces me pregunto cuál a sido tu destino. Me asaltan ideas contrarias. Por un lado, siempre me repugnó la posibilidad de que llamaras "papá" a un militar o policía ladrón de vos, o a un amigo de los asesinos de tus padres. Por otro lado, siempre quise que, cualquiera hubiese sido el hogar al que fuiste a parar, te criaran y educaran bien y te quisieran mucho. Sin embargo, nunca dejé de pensar que, aun así, algún agujero o falla tenía que haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus padres de hoy no son biológicos -como se dice-, sino por el hecho de que alguna conciencia tendrán ellos de tu historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido mucho.
También pensé todos estos años en qué hacer si te encontraba: si arrancarte del hogar que tenías o hablar con tus padres adoptivos para establecer un acuerdo que me permitiera verte y acompañarte, siempre sobre la base de que supieras vos quién eras y de donde venías. El dilema se reiteraba cada vez -y fueron varias- que asomaba la posibilidad de que las Abuelas de Plaza de Mayo te hubieran encontrado. Se reiteraba de manera diferente, según tu edad en cada momento. Me preocupaba que fueras demasiado chico o chica - por no ser suficientemente chico o chica- para entender por qué no eran tus padres los que creías tus padres y a lo mejor querías como a padres. Me preocupaba que padecieras así una doble herida, una suerte de hachazo en el tejido de tu subjetividad en formación. Pero ahora sos grande. Podés enterarte de quién sos y decidir después que hacer con lo que fuiste. Ahí están las Abuelas y su banco de datos sanguíneos que permiten determinar con precisión científica el origen de hijos de desaparecidos. Tu origen.
Ahora tenes casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho como vos y con un mundo mas habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.
Los sueños de Marcelo y Claudia no se han cumplido todavía. Menos vos, que naciste y estás quién sabe dónde ni con quién. Tal vez tengas los ojos verdegrises de mi hijo o los ojos color castaño de su mujer, que poseían un brillo muy especial y tierno y pícaro. Quién sabe cómo serás si sos varón. Quién sabe como serás si sos mujer. A lo mejor podés salir de ese misterio para entrar en otro: el del encuentro con un abuelo que te espera.

 

12 de abril de 1995
(Carta publicada en Pagina 12)

 


 

           Una mujer y un hombre


Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, en plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre arados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

 


 

                     Somas


The times literary supplement dice:
"golpear genitales con todo el puño implicaría ruptura
violencia y enorme daño para los órganos
envueltos"
¿y aplicar la picana eléctrica en los genitales?
¿y quemar golpear el cuerpo tendido y volver
a aplicar la picana eléctrica en los genitales?
¿y volver a quemar golpear el cuerpo tendido y volver a
aplicar la picana eléctrica en los genitales?
no hay rías para los genitales varados en el sur
inplicaría aplicaría
los genitales están implicados por acá
sufren aplicaciones ruptura violencia enorme daño por acá
los genitales se disiparon en la niebla de Londres
envueltos en las hojas amarillas del times literary
supplement
la tinta los excitó
la tinta convirtió su rabia en hechos somáticos eróticos
acá lo somático es así:
aplican la picana eléctrica en los genitales
queman golpean el cuerpo tendido y vuelven a aplicar la
picana eléctrica en los genitales
vuelven a quemar golpear el cuerpo tendido y vuelven a
aplicar la picana eléctrica en los genitales
varados en el sur.

 


 

                     Si dulcemente


Si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas
del que se tiró al mar / ¿qué pasa con los hermanitos
que entierraron? / ¿hojitas les crecen de los dedos? / ¿arbolitos /
otoños que los deshojan como mudos? / en silencio
los hermanitos hablan de la vez
que estuvieron a dostres dedos de la muerte / sonrien
recordando / aquel alivio sienten todavía
como si no hubieran morido / como si
Paco brillara y Rodolfo mirase
toda la olvidadera que solía arrastrar
colgándole del hombro / o haroldo hurgando su amargura
(siempre)
sacase el as de espadas / puso su boca contra el viento /
aspiró vida / vidas / con sus ojos miró la terrible /
pero ahora están hablando de cuando
operaron con suerte / nadie mató / nadie fue muerto / el enemigo
fue burlado y un poco de la humillación general
se rescató / con corajes / con sueños / tendidos
en todo eso los compañeros / mudos /
deshuesándose en la noche de enero /
quietos por fin /solísimos / sin besos.

 


 

Que fiesta la de la alegría nueva...

 


Qué fiesta la de la alegría nueva
sobre el viejo color.
Dafne se hace pluma y vierte
luz y tiempo en la razón de piedra.
Le escriben versos en la ciudad
que pisotea a la justicia. Dafne huye
de los papeles que la ciñen.
Nadie la merece, pero
a veces se la encuentra en
humillaciones de la realidad.
No está escrita aún, como un caballo largo.
Se la ve tan claramente
en el árbol que fue, convertido en vanidad.
Ella ocupa la desolación y nada se le concederá.
Ni el asombro idéntico a ella misma.
Sólo busca un recuerdo donde pueda
ser suave y, en un momento, niña.
Cierra los ojos ante el viento
que agita su pollera y
sobre ella cae la vida continua.

 


 

    Oración de un desocupado


Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla

para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello.

 


 

                         Opiniones

 


Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.

 


 

                  Nota I

 


Te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
noches y días con vos.
me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
te mostraré mi rabioso corazón.
te pisaré loco de furia.
te mataré los pedacitos.
te mataré una con paco.
otro lo mato con rodolfo.
con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la rnano.
y con el hijo de mi hijo / muertito.
voy a venir con diana y te mataré.
voy a venir con jote y te mataré.
te voy a matar /derrota.
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez.
vivo o muerto / un rostro amado.
hasta que mueras /
dolida como estás / ya lo sé.
te voy a matar / yo
te voy a matar.

 


 

         Nota II


Ya que moría mañana
me moriré anteanoche /
con un cuchillito fino
voy a cavar el 76
para limpiarle las raíces a paco
las hojitas a paco
clavado al suelo como una mula rota
gente que me quería ayudar /
después le toca al 77
para encontrar los ojos de rodolfo
como cielos terrestres
fríos fríos fríos
diseminados por ahí /
mirada vacía ahora
va a haber que trabajar
limpiar huesitos /que no hagan
negocio con la sombra
desapareciendo / dejándose ir
a la tierra ponida sobre
los huesitos del corazón /
compañeros denme valor /
la sombra vuela alrededor
como un objeto en mi pieza /
ni remedio que la pueda parar /
ni corazón ni nada /
ni la palabra nada /
ni la palabra corazón /
pañeros /compañeros.

 


 

        Mi Buenos Aires querido


Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.

Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

 


 

                             Hechos


Mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño
afuera seguía la lucha de clases / el
capitalismo brutal / el duro trabajo / la estupidez /
la represión / la muerte / las sirenas policiales cortando
la noche / él tomó el endecasílabo y
con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro / cerró el endecasílabo / puso
el dedo en la palabra inicial / apretó
la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases / el
capitalismo brutal / el duro trabajo / la estupidez / la represión /
la muerte / las sirenas policiales cortando la noche
este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta
ahora a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata / y también
explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
de otoño o
del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir / o sea
los nacimientos / casamientos / los
disparos de la belleza incesante.

 


 

      Está negra la madera de tu casa...


Está negra la madera de tu casa
y el verde de tus plantas brilla como lustrado a mano /
te debe haber llovido mucha ausencia /
debe haberte apagado los fuegos que encendías
para leer tus pechos /
para saber quién anda por ahí /
en el verano de tu rigidez empujada /
¿qué sería la muerte sin la lluvia /
su ciencia de humo y claridad? /
temblabas como un cafetín /
pasaban tangos de Gardel y toros ya suavísimos /
tus piernas ardían al lado de los ángeles
y volaban cenizas del secreto cremado /
¿cómo es posible el horror de saber? /
¡dale / viento! /
¡raspá la música que hace diamantes
en cada esquina de la sonreidora! /
¡la música que separa los nacimientos de los espantapájaros!
¡los espantapájaros verdaderos! /
¡que me conocen y no son yo! /
vos / que sabés hacer cuchillos
con un instante del amor /
cantá / sentada en los panes que horneo y nunca comeré /
¡cantá / para que corra la mañana
y se subleven los canarios
que lloran ocultamente! /

 


 

      El juego en que andamos

 


Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

 


 

                      Aloutte


Bendita la mano que me cortara los ojos
para que yo no vea sino a ti.

Y si me cortaran la lengua, su silencio
cantaría lleno de ti.

Y si me cortaran las manos, su memoria
sabría acariciarte a ti.

Y si me cortaran las piernas, su vacío
me llevaría hasta ti.

Y si luego me mataran
aún quedaría todo mi amor de ti.

 


 

                                        Cerezas


Esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa
en el revés de un éxtasis / hace dos o tres besos fue
mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo
cuando le dan de amar /
y un beso antes todavía /
pisaba el mundo corrigiendo la noche
con un pretexto cualquiera / en realidad es una nube
a caballo de una mujer / un corazón
que avanza en elefante cuando tocan
el himno nacional y ella
rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos
por la llovizna nacional /
esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas
que lava con furor / con sangre / con olvido /
encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel /
caen calles de fuego de su barrio irrompible
y una mujer y un hombre que caminan atados
al delantal de penas con que se pone a lavar /
igual que mi madre lavando pisos cada día /
para que el día tenga una perla en los pies /
es una perla de rocío /
mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío /
le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío /
en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas creciendo /
el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza /
siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día /
limpiaba suciedades del mundo /
lavaba el piso del sur /
volviendo a esa mujer / en sus hojas más altas se posan
los horizontes que miré mañana /
los pajaritos que volarán ayer /

 


 

Entrevista al Subcomandante Marcos


Régis Debray lo considera el mejor escritor latinoamericano. Desde antípodas políticas, Octavio Paz ha elogiado su escritura. Pero el subcomandante Marcos, jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, habla con timidez de su condición de escritor. "Más fácil sería con un mate", dijo en uniforme guerrillero y pasamontañas que sólo confía al aire los ojos y parte de una nariz objeto de su autoburla constante. La máscara no atenúa la clara emanación de juventud. Es un fenómeno raro, sin antecedentes conocidos en el mundo: su fama de escritor dimana de la prosa que vuelca en los comunicados que firma en nombre del EZLN. Son textos políticos que han llevado de la guerra de verdad a la guerra de palabras, pero el subcomandante les añade paseos de ficción en las posdatas. Donde ha aparecido hace meses el personaje Durito, un escarabajo que se proclama Caballero Andante de la Selva Lacandona y tiene a Marcos de escudero. Ambos dialogan ­como el Quijote y Sancho Panza­ sobre las materias más diversas y de política además. El Nobel mexicano calificó a Durito de invención literaria memorable. La entrevista con el subcomandante insurgente del EZLN se realizó en el marco del Encuentro Continental Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, en algún lugar de la Selva Lacandona, y allí el jefe militar zapatista reveló que siempre le ha gustado escribir.

-¿Cuándo escribió su primer poema?
-A los 13 años.

-¿Lo recuerda?
-No, hay cosas que más vale la pena olvidar.

-¿No recuerda las circunstancias que lo movieron a escribirlo?
-Sí, era melancólico, era sobre la vida y la muerte, medio tétrico, con la pregunta sobre el sentido de la vida que probablemente se hace todo adolescente. Yo estaba en la secundaria, como se dice en Argentina. Ya había leído poesía y ese poema debe haber sido muy parecido a los que yo leía por entonces. Me acuerdo más o menos del tema y de la circunstancia un poco existencial, o bastante existencial, de ese momento, pero no me acuerdo mero cómo iba.

-¿Siguió escribiendo poesía luego?
-No. Iba más al cuento, a la poesía casi nunca le entré. En aquel ámbito cultural la poesía era mucho la cuestión de la métrica, tenía que rimar y todo eso. Y entre que no me salía, que necesitaba pues un cierto manejo del lenguaje, que apenas estaba aprendiendo, y que me provocaban aversión esos chalecos, no sabía cómo entrarle. Entonces mejor le daba al cuento. Cuentos escribí bastantes. Y, por supuesto, una novela que nunca acabé. Como todos los escritores que se precian de serlo; siempre tienen una novela que nunca han acabado. Pero no, a la policía, perdón a la poesía no le entraba, a la policía tampoco.

-¿Pero ha escrito poesía en los últimos años?
-Escribí en el período de la montaña, los diez años que pasamos allí, sobre todo en los primeros años ­1984/1985­ que fueron muy solitarios, poesía que pretendía ser política. Tratando un poco de jugar al espejo o de ayudarnos a nosotros mismos, pues éramos una pequeña pandilla casi que quería cambiar el mundo; afirmando que sí valía la pena lo que queríamos hacer, o lo que íbamos a hacer, aunque entonces no sabíamos que lo íbamos a hacer todavía.
Nosotros organizábamos actos culturales todos los lunes de cada semana: el grupo de combatientes se juntaba en lo que llamábamos la célula cultural y se decían poemas, se cantaba, se representaban obras de teatro. El único libro que teníamos entonces ­yo era capitán­ era una antología de Miguel Hernández. Había más reuniones culturales que poemas en el libro y éste se acabó. "Escribe algo", me decían los compañeros, así que los primeros poemas que escribí en ese período eran más bien por encargo. Y eran poemas así, pues, lo rudimentario o lo acartonado que pueden ser los poemas sobre pedido.
Luego ya escribí por gusto, por ganas, algunos más, volví otra vez al cuento y a las narraciones cortas como las "Instrucciones para cambiar el mundo" o las "Instrucciones para caer y levantarse", todo eso con mucha influencia de Cortázar; uno de sus libros era el otro que yo cargaba. Pero a la poesía siempre le he tenido mucho miedo. Es como dice Durito, la distancia entre lo cursi y los sublime es delgadísima; yo le digo a Durito que no la conozco porque no he logrado cruzarla, sigo todavía del lado de lo cursi. Así que para llegar a lo sublime... Algo intenté en poesía cuando empezamos a hacer contacto con las comunidades indígenas.
El manejo del lenguaje que hacen ellos, la descripción de la realidad, de su realidad, de su mundo, tiene mucho de elementos poéticos. Eso como que removió la trayectoria cultural normal o tradicional que traía yo en literatura y empezó a producir esa mezcla que asomó en los comunicados del EZLN del 94. Era un poco como estarse debatiendo entre las raíces indígenas de un movimiento y el elemento urbano. Es lo que yo podría decir sobre esa trayectoria, pero sí, siempre me gustó escribir. No mostraba lo que hacía, por supuesto, escribía para mí mismo.

-Octavio Paz dice que Durito es una invención memorable.
-Eso es injusto, Durito protesta. Dice que él no es una invención, que es real y que, en todo caso, la invención soy yo.

-¿Sigue leyendo poesía?
-Sí, cómo no. En alguno de los comunicados cuento la historia de una niña que se murió, Paticha, explicando un poco esto de los nonatos. En realidad, eso viene de la lectura de un poema de un argentino que habla de una niña. ¿Se acuerda usted de ese poema? ¿Cómo se llama?

-No sé de qué poema me habla.
-Si es suyo.

-Hay cosas de las que uno se quiere olvidar, usted lo dijo.
-No, es bueno ese poema. Lo encontré en una antología de la poesía latinoamericana, junto con otro texto suyo. No me acuerdo cómo se llama, pero habla de una niña que, obligada por las condiciones sociales, comete un crimen. -¿Será, "María la sirvienta"?

-Andale, ése era. Su estructura inspiró la forma literaria de la historia de Paticha. La historia es real, pero su presentación tiene mucha cercanía con "María la sirvienta". Y en algunas de las historias que cuento, que contamos nosotros, aparecen elementos poéticos ­digo, en mi caso­ de Miguel Hernández, del Neruda del Canto general, sobre todo, un libro que nos influyó mucho a muchos en la montaña y que también cargábamos. No conocimos poesía más reciente hasta que ya bajamos.

-¿Y Pessoa?
-A Pessoa lo encontramos bajando de la montaña, del 94 para acá, en libros que nos regalaban. Pero eso es nuevo. La poesía que frecuentábamos nosotros era la que se consideraba poesía social o de compromiso. Que es la que nos gustaba, porque estábamos en eso. O la más lejana de los clásicos como Shakespeare, eso sí. Pero de la poesía contemporánea sólo la que tenía contenido social; la que no, nos parecía que no servía, que era contrarrevolucionaria, pequeñoburguesa, etcétera...

-¿Piensa lo mismo ahora?
-Evidentemente no.

-¿Y qué piensa?
-Nos damos cuenta ahora de que fueron esos elementos, los no esquemáticos, los no tradicionales respecto de esa cultura de izquierda en la que nos formamos nosotros, en especial de la izquierda clandestina, la de los subterráneos, los que nos abrieron ventanas. Que lo que nos salvó como proyecto social, como proyecto político y, sobre todo, como seres humanos, fueron esas ventanas abiertas, esas supuestas "manchas" para un revolucionario cuadrado, lo que nos llevaba a nosotros a decir bromeando que para ser cuadros revolucionarios éramos bastante redondos. No respondíamos a los esquemas pues, y por lo tanto estábamos desechados.
Esa cultura, esa literatura tienen su lugar, tienen su espacio y no pueden ser catalogadas según los moldes que nos enseñaron, que poesía es la poesía revolucionaria de "Patria o muerte, venceremos" solamente, o la que describe una situación social. Hay poesía que trabaja sobre el lenguaje mismo y no le importa tanto lo que dice sino el manejo del lenguaje; hay poesía que expresa sentimientos o cuestiones vivenciales cotidianas; hay poesía de muchas clases.
¿Cómo decirlo? El esquema político con el que habíamos crecido tenía su referente o su equivalente en un esquema cultural, en un esquema ideológico e incluso en un esquema moral que marcaba qué era lo bueno y qué era lo malo: bueno es todo lo que sirva a la revolución, malo es todo lo que vaya en contra de la revolución. Y ahí no está el problema de lo bueno y lo malo, de esa manera sólo se lo está eludiendo. Y eso pasaba no con la literatura únicamente, con la música también, o sea, cuál debíamos escuchar o cuál nos debía gustar, porque de eso se trataba; de nuevo tenía que ser la música de contenido social o la música revolucionaria, como le decíamos nosotros.
Y la otra pues era música enajenante, alienante, etcétera. Aunque nos gustara, teníamos que callar y decir que la buena era la música de contenido social. Esa concepción influía hasta en las pláticas del (grupo) colectivo. El colectivo de montaña es un conjunto muy solitario, sometido a condiciones muy duras, que tiende a cerrarse, a hacerse fuerte para poder resistir, ayudándose uno a otro. Entonces la nostalgia estaba prohibida; en todo caso, manifestarla. No es que hubiera una ley, pero cuando se notaban síntomas de desmoralización en un compañero había que ayudarlo explicándole, por ejemplo, que el proletariado, por una decisión histórica, iba a asumir sus objetivos, etcétera.

-Hay quien supone que ciertas cosas dejan de existir no usando las palabras que las nombran.
-Sí, era una especie de realismo socialista, pero en pequeño. Estoy hablando de una columna formada por doce hombres. Doce en "las grandes fiestas", decíamos que eran cuando nos juntábamos, porque en realidad nos partíamos en unidades de cuatro. Ese esquema rígido invadía todo lo que era la vida del campamento guerrillero. No se platicaba sobre la familia, porque te llevaba eso al lugar de partida. Tampoco sobre las expectativas personales: no podía uno imaginarse en el futuro siendo un hombre común y corriente, o podía, pero no debía decirlo.
Decir, por ejemplo, finalmente cuando termine esto me voy a dedicar a ser chofer; no, cómo, te contestaban, eso es contrarrevolucionario, tienes que ubicarte en un lugar revolucionario, seguir en esto o hacerlo como el Che, irte a otro país y continuar la pelea, etcétera.

-Antes evocó usted un problema que tiene que ver con lo que está expresando ahora: el del contacto con la cultura indígena. ¿Ese contacto ayudó o quizás obligó a modificar estereotipos, y no sólo desde el punto de vista de los contenidos, sino también en lo que hace a la lengua? Porque sorprende a quien visita Chiapas el castellano que hablan los indígenas, lleno de giros y concordancias desusados. Algo semejante ocurrió en Guatemala cuando los indígenas, después de más de cuatro siglos de padecer la dominación blanca, empezaron a hablar el castellano y produjeron rupturas sintácticas extraordinarias y muy enriquecedoras. ¿Qué piensa de eso? ¿Qué le ocurrió con eso?
-En realidad, casi nadie toca ese tema. Nosotros advertíamos que la concepción política de lo que el EZLN era entonces chocaba con la concepción política de las comunidades indígenas y se modificaba. También hubo efectos en el quehacer cultural del EZLN, que tenía una vida cultural bastante intensa para una unidad guerrillera. No sólo nos enfrentamos con las lenguas indígenas, sino también con su manejo y con la forma de apropiación del español. Los indígenas no se apropian de conceptos, sino de palabras, y traducen su visión con un manejo del lenguaje muy rico, como decir "está triste mi corazón" por "me siento mal", o decir "me duele el corazón" y señalarse la panza, que está cerca. De pronto alguien se enfermaba y decía "me voy a morir" y al principio uno pensaba que, en efecto, se iba a morir; y cuando se lo revisaba no era más que un dolor abdominal.
Pero así se sentía. Nos encontrábamos con que los indígenas manejaban el lenguaje con mucho apego al significado de las cosas y al uso de imágenes también. Teníamos que aprender ese otro manejo del lenguaje para poder comunicarnos con ellos, y ellos con nosotros, lo que empezó a producir efectos en nuestra forma de hablar. Y de escribir. Llegó un momento en que estábamos hablando "chueco", como decíamos nosotros, a veces anteponiendo un adjetivo, otras no nombrando una cosa sino aludiéndola como una imagen, y sucedió que así cuajó nuestro modo, el modo de hablar de los zapatistas, y eso nos hizo perfectamente identificables. Claro, nadie nos andaba buscando, pero en las comunidades se sabía quién era zapatista por el modo de hablar, incluso para explicar la política y para explicar la guerra, que entonces apenas era un futuro incierto.
Muchos han percibido los efectos del contacto con las comunidades en la política y la organización de los neozapatistas, pero nadie o pocos son los que se han dado cuenta de las consecuencias del choque cultural, que sin embargo llama la atención también en el neozapatismo. Me refiero al manejo del lenguaje en relación con la política. Así lo vemos nosotros, pero es muy difícil reflexionar desde adentro, nos falta distancia y nos falta tiempo para ver cómo se da eso. Necesitamos un exterior, un outsider para poder entenderlo. Nosotros no podemos explicar qué es lo que hizo posible eso. Sabemos que lo estamos haciendo y decimos "algo pasó aquí", pero no hemos pensado todavía sobre lo que realmente ocurrió para que se produjera el zapatismo de 1994. También hay que considerar cómo entró el zapatismo en contacto con la sociedad civil, con ese México que no tenía nada que ver ni con el enemigo ni con el compañero. Ese hecho también influye en el trabajo de lenguaje del zapatismo.
Puede incluso verse cómo los comunicados del EZLN de los primeros días del 94 y los que fueron emitidos más adelante en el año dan paso a una modificación en el lenguaje que está buscando su acomodo y se está haciendo todavía. Es decir, se ha sumado otro elemento, aparte del indígena y del que procedía de la izquierda tradicional que bajó de la montaña: los dos últimos constituían ya una realidad compleja que otra vez se enfrentó con una realidad compleja, la de México. Y hay como una retroalimentación ­así lo vemos­, vamos tocando puertas, encontramos una abierta, nos metemos, tocamos otras y así; y en el lenguaje estamos tocando puertas y donde vemos que se abren, por ahí seguimos.
Por eso a veces nuestro discurso es muy repetitivo, pensamos que lo que nos resultó una vez y nos permitió hacernos entender va a volver a producir el mismo efecto. Desgraciadamente, no siempre es así. A veces produce el efecto contrario; otra vez lo mismo, se piensa, y más porque del zapatismo se espera siempre algo nuevo, más creativo, que no incurra en la reiteración, y para nosotros lo más cómodo es insistir con lo que sabemos ya que resultó.
A dos años de nuestra salida a la luz, ése es uno de los problemas que tenemos. Debemos seguir buscando dentro de nosotros mismos y dentro de las relaciones creadas un lenguaje que no nos haga perder el puente con la sociedad que logramos construir en los últimos dos años. Sabemos lo que no hay que hacer, es decir, repetirse, pero todavía tenemos que precisar lo que hay que hacer, y eso estamos probando. Por eso nos sirve mucho el contacto con gente que no viene de nuestra trayectoria, no me atrevería a decir de afuera porque es gente que está muy imbricada en el movimiento, pero que ve otras cosas, tiene otras experiencias, otra historia y ha hecho otro recorrido.
Eso nos ayuda a ver dónde podemos avanzar. Y en buena parte el futuro del zapatismo está en el lenguaje. No quiero decir que el zapatismo va a desaparecer, pero su futuro y su quehacer tienen que ver mucho con el quehacer de su lenguaje. Según sea el futuro de su palabra, será el futuro del EZLN. No, no el EZLN, del zapatismo, que hoy es mucho más amplio.

-En su mensaje de la ceremonia de clausura del Encuentro Continental Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo dijo usted que al zapatismo se le exige no que se parta en dos sino en muchos pedazos, en referencia a la satisfacción de unos y la preocupación de otros por sus intervenciones anteriores. ¿Deberá cambiar el lenguaje de sus comunicados para contentar a todos?
-Tal vez convenga insistir en ese partirse en dos, en tres o en cuatro; unos esperan del zapatismo una guía, respuestas a cosas prácticas; otros, un pronunciamiento político; otros, algo que arranque una sonrisa; otros, algo que sea nuevo. Eso es algo, lo digo honestamente, que cada vez torna más difícil escribir, cada vez se siente más que estás escribiendo para agradar a alguien o algo, y se corre el riesgo de perder la frescura, la que teníamos nosotros antes, cuando escribíamos y al que le gustó, le gustó, y al que no, se chingó (se jodió).
Pero las presiones sobre el zapatismo, de las que hablé en la clausura del Encuentro, en cuestiones políticas, también se dan en cuanto al manejo del lenguaje. Qué es lo que se debe decir, qué expresión es machista o sexista, cuál es feminista, y sentimos como que nos empiezan a acorralar. Nosotros no nos alzamos en armas para esto, nosotros queríamos el uso de la palabra y escribíamos por gusto y no queremos perderlo. No queremos hacernos profesionales de la palabra, gente que exista para producir una mercancía, algo para el mercado, aunque ese mercado sea de izquierda, o sea progresista, o sea democrático, lo que sea. Para eso hay computadoras. Se las programa y sale lo que uno quiere.


Entrevista realizada por Juan Gelman
Publicado en el Diario "Página 12", Buenos Aires, Argentina.