Desconfíen del rencor de los solitarios que dan la espalda al amor, a la ambición, a la sociedad. Se vengarán un día de haber renunciado a todo eso.
Edgar Allan Poe

 

                   Una nueva Orden

 

Tienes un conflicto realmente importante para resolver.
Tu verdadero hogar no está allí afuera.
La decadencia de aquel tenebroso mundo exterior
te espanta, te desalienta, te deprime, te desespera.
La realidad es que vives corporalmente inmerso
en ese mundo que tanto aborreces,
ese mundo al cual no perteneces.
Ese cuerpo necesita de alimentos y de bienes
para subsistir, y si tú permaneces
en tu verdadero hogar, en aquel hermoso
mundo real pero abstracto; real para ti
pero abstracto para todos, es posible
que tu ruina material venga pronto.
Debes viajar décadas para situarte
en el mundo en que todos viven.
Debes cortar tus alas
para caer en picada sobre el más real asfalto.
Te preguntarán de dónde vienes, quién eres,
a qué te dedicas, qué demonios haces
ahí tirado y todo lastimado.
Tú sabrás íntimamente que sería muy
complicado explicarles todo tal cual es,
les dirás que sólo fue un accidente,
que sólo caíste de un maravilloso vuelo,
que ya estás listo para trabajar como
todo los mortales comunes, les preguntarás
qué hay que hacer, qué hay que limpiar,
qué hay que ordenar, qué comercio hay que atender.
Sabes que no podrás hablar demasiado del otro mundo,
está prohibido, es una leyenda secreta,
el tiempo del exterminio de las Órdenes
ya pasó; ninguna de ellas sobrevivió…
Pero tú sabes que quedan los documentos,
que quedan los testimonios, que quedan los
manuscritos… Por suerte siempre ha habido
buenos archivistas y buenos bibliotecarios.
Ellos resguardan el Saber a la espera
del nuevo ordenador, el nuevo osado simplificador,
el sintáctico, el que rescata lo esencial.
Poco a poco irás acostumbrándote a
las rutinas comunes de los hombres comunes.
Quizás de a poco te atrevas
a entablar diálogos profundos con algunos de ellos.
Dándoles gratuitamente una pequeña semilla.
Les dirás que es inofensiva, que deben
tragarla con un poco de agua cristalina.
Que la semilla florecerá, y que el fruto
de la semilla los guiará al otro mundo,
aquel que en un tiempo existió y conoció el esplendor.
Repartirás varias semillas y ellos le tomarán el gusto
a los frutos. Te enviarán a otros
que te pedirán humildemente una semilla de esas que son
ricas y sabrosas y que dicen que tienen el poder de trasladar
a las personas a otro mundo.
Con cautela, habrás repartido decenas de semillas.
El número de hombres germinados irá creciendo con
el tiempo, y ellos solos se juntarán
para formar una Orden como las Antiguas Órdenes.
Quizás la Orden destinada a llevar a cabo la
Misión más importante.
Recobrar las tradiciones,
escribir los tomos y los volúmenes necesarios
para poner la Historia al día,
ganar discípulos, entrenarlos, educarlos,
enseñarles a enseñar, trasladar el Saber
de la forma más pura y cuidadosa,
de Arriba hacia Abajo.
El silencio ayudará a aquellos nuevos jóvenes,
los retratos de los antiguos miembros de las diversas Órdenes
les servirán como inspiración e impulso,
sentirán el peso de sus miradas y sentirán también
las sabias sonrisas cuando logren sus primeras victorias.
Y así, aquel volador que tuvo que caer y detener
su vuelo porque era necesario e impostergable,
sembró semillas, instauró un nuevo respeto por la
sucesión discipular y logró formar una Orden con
el fin de que aquel hermoso Mundo que era su
verdadero hogar no se extinguiera, no se perdiera,
no se olvidara…

 


 

Las disputas y los senderos infinitos

Presiona bien tu pluma si algo has de decir.
Agudiza tu ingenio para ser breve y conciso.
Mírate al espejo; has crecido.
Continúas fumando y continúas siendo un solitario.
Eres joven y estás desvelado.
Te desconoces, juegas, intentas descubrir algo.
Tu vida transcurre en tu pensar.
Tus palabras afloran y surgen de una voz desconocida,
y sin embargo esa voz es la que comanda tu cuerpo
y dirige tus acciones.
Ahora, deja de mirarte al espejo. Voltéalo, dalo vuelta.
Concéntrate en tu esencia aunque ignores sus dimensiones,
aunque esa esencia te resulte extraña, desconocida.
¿Qué te inspira esa esencia?
¿Qué me inspira mi esencia?
Silencio, ausencia de identidad, energía ingresando
por mi coronilla.
El silencio es lo eterno y tus extrañas percepciones
te enriquecen.
¡Dime algo, espíritu! ¡Exterioriza tu sentir!
Que tu introspección sea fructífera, que pases
de la extrañeza al conocimiento, del desconcierto
a la certeza, de la certeza a la luz y que en la luz permanezcas.
No seas hipócrita, jovenzuelo. No te sumes a los farsantes
que tú tanto detestas. No realices pseudo introspecciones,
no te introduzcas en lo desconocido para agarrar una fruta
y pronto regresar a la tranquilidad normalizadora del hogar.
No. Si te introduces, procura permanecer allí hasta que tus
sentidos, naturalmente, vuelvan a estabilizarse.
No te conformes con una fruta y con mostrarla a tus congéneres.
Recoge todas las frutas que puedas, muerde las frutas, saboréalas,
trágalas, asimílalas. Que regurgiten en tu interior, que sus jugos
produzcan efervescencias nunca antes experimentadas y disfruta
de las efervescencias, que perduren…
Tú ya quieres volver, regresar. Eres un explorador un tanto
conformista, tímido. ¿Cuándo osarás ir, penetrar, viajar, ahondar
por aquellos senderos que apenas vislumbras?
Sospechas que los senderos son infinitos, pero tú
continúas conformándote con la sospecha.
¿Cuánto has recorrido?
No has visto nada, muchacho.
Ya estás contento, eres irremediablemente conformista.
Ya quieres ir a mostrarle a tus amigos la nueva fruta
que has conseguido en los senderos infinitos.
En los primeros metros de los senderos
los árboles del comienzo te entusiasmaron.
¿Por qué necesitas de otros? ¿Por qué no
te atreves a ir solo? Olvídate de ellos,
algún día les contarás lo que has visto,
o tal vez no se los cuentes nunca, porque
estoy seguro de que una vez que te atrevas
a caminar y caminar y caminar por esos senderos,
ya no querrás regresar, te olvidarás de tus amigos
y tus compañeros, irás detrás de la luz y de imágenes
y sensaciones que nunca antes habías visto ni experimentado.
Placer y gozo; eso es lo que hallarás.
Las disputas de los más inteligentes hombres
te parecerán absurdas y sin sentido.
Allí está el Gozo, pero ellos siguen discutiendo.
¿Y por qué insistes en gritarles para que volteen
sus cabezas y afinen sus miradas? Lo sé, estás
entusiasmado como un niño con tus descubrimientos.
No esperes que los eternos disputadores vayan contigo.
Corre, pega la vuelta. Corre, hay mucho por recorrer…

Y se fue. Lo vi irse. Sonrió, me miró y luego miró de frente
al sendero y comenzó a caminar.
Interiormente le deseé lo mejor, y fue lo mejor que pudo
haber hecho. Si se quedaba con aquellos hombres, como
yo me he quedado por diversos motivos, iba a ser un desperdicio.
No eran para él las eternas disputas. Hubiese perdido su natural
asombro, sus ansias de descubrimiento, su puerilidad. Mejor así.
Él se ha ido. Debe estar experimentando un estado de pleno gozo,
de magnífica plenitud.
Algún día iré yo también, hasta quizás lo encuentre en algún
paraíso paralelo al sendero, quizás se haya instalado en algún lugar.
¿Qué andará haciendo? Por mi parte, sólo me queda entretenerme
con los más inteligentes hombres y sus disputas y contarles
que aquel joven se fue y que se iba contento.

 


 

El peso de la Intensidad de la Historia

Locos insomnes que sintonizan
la vibración del silencio del espacio.
Sedientos de olfatear el frío estelar,
ansiosos de sentir el viento,
apresurados por decir la última verdad.
En la isla terrenal ordenamos los archivos,
añoramos los tiempos de las buenas historias.
Conversaciones en los jardines
de los pueblos alejados
del tumulto innecesario.
Creando arte por puro instinto de desborde,
de exaltación de vida comprimida en una mirada
que viaja, que vivió aquel viejo y tenebroso terremoto
de los tiempos de locura e inconsciencia.
Y las infantiles y mágicas escapadas en bicicleta
y la belleza de los rostros pueriles,
con toda la inocencia y la frescura
de los nuevos seres creativos y creados
para el puro deleite de los dioses.
Y otra vez la rabia de no poder ver
que la vida explote,
de no poder presenciar la Gran Fiesta de la Existencia,
una fiesta sin motivo,
una fiesta de música y risa,
una fiesta para romper el silencio triste de la monotonía,
una fiesta en donde todos estén invitados.
Existe un triste arbitrio mental que martilla mi cerebro,
una cadena imparable que me controla todo el día,
y estallo de éxtasis con los colores y las pinturas.
Me encanta que la realidad desborde de significados,
aún cuando no sepa concatenarlos.
Me encanta poder enfrentarme sinceramente a mí mismo,
aún cuando sea uno de los sucesos más crudos.
Me encanta continuar despierto y pensar en la vida
de Tolstoi que abandonó todo para ayudar a los campesinos,
o pensar en las tardes que vivían y disfrutaban aquellos amigos
del grupo de Bloomsbury aunque hayan sido ingleses.
Y me encanta pensar en los días que disfrutaría Picasso en su atelier,
y Flaubert con toda su enfermedad mental.
Me encanta quedar aplastado por la Intensidad de la Historia,
aún cuando todo ese peso me deje exhausto.

 


 

La gloria del mañana

Acostado, a oscuras,
cubierto por la colcha,
colcha de color bordó
que encerró y contuvo temblores,
espasmos, saltos, alucinaciones.
También contuvo y resguardó a un
niño grande desesperado.
Contuvo también frescas y
tranquilas noches de un
esperanzado optimismo que ya
no poseo.
Y el drama se me torna
heroico, y esta absurda
valentía de enfrentar y sobrellevar
lo heroico se me torna extenuante.
Y mi fluir escrito y
mi empecinamiento se me torna
glorioso,
y mi gloria abstracta hoy
es pura miseria
en abundancia,
y ésa es la única abundancia
que gozo,
y el gozo sólo es
imaginario y a futuro
y lo futuro quemó y arrasó
y arruinó mi presente.
Y mi presente sólo se sacrifica
por la gloria del mañana.

 


 

 Los acomodaticios

La Resistencia por la Autenticidad
tiene que ser, naturalmente,
férrea, obstinada, terca e incorruptible.
El honor de lo incorruptible
es glorioso y supremo.
¡Ay de los que vendan su alma
por unos pocos billetes!
Son los vulgares acomodaticios,
nada es demasiado serio para ellos,
no existen las causas,
no existe la noble lealtad.
Fácilmente se unen a la
Opinión General,
la gloriosa opinión general.
Lo que todos opinan debe ser
lo correcto,
lo que todos hacen debe
ser el camino a seguir.
¿Por qué voy a esforzarme
en pensar por mí mismo?
Si todos van para allá,
debe ser que ir para allá
es lo correcto y común,
lo normal, lo que todos hacen
y siempre hicieron.
¿Qué voy a inventar?
Razonamientos lógicos de los
acomodaticios.
Hasta los razonamientos imitan,
tienen el raciocinio mutilado.
¡Qué placer me da ser un
habitante de La Isla!
Hermosa y solitaria y soberana isla,
el calmo romper de las olas
en tus orillas extensas y circulares
apacigua el clima, da pureza,
y los turistas agitados se alejan
en sus buques porque les da temor
esa isla solitaria.
Ese silencio y esa calma y esa grandeza
sería la muerte para ellos,
pues allí no hay lugar para los acomodaticios.

De la sed que ansía ser saciada

Los objetos acumulados no pueden saciarme,
pues mi sed no es sed de objetos.
Las frases sabias acumuladas no pueden saciarme,
pues mi sed no es sed de palabras.
Sólo la aventura, sólo el divertirme pueden saciarme.
Escribir esto me sacia sólo por unos instantes.
Los que hallen a Dios, sacíense con Él,
parece ser que todavía yo no lo he encontrado.

 


 

Mutilada la capacidad de soñar

Enfermiza, paralizante
y estúpida impotencia
que impulsas la decadencia
y la agonía de los jóvenes.
Sociedad subdesarrollada
que aplastas todo deseo
toda ilusión todo sueño.
Ciudadanos conformistas,
toda su vida es un miserable
empleo que alcanza sólo
para pagar los impuestos.
Impuestos y trabajo
y trabajo e impuestos.
Mutilada la capacidad
de soñar
caminan muertos
los estúpidos ciudadanos.

 


 

 Es intocable el poema de la tarde

Un insano capricho
te entretiene en el húmedo
empecinamiento de las calurosas tardes.
Una lámpara con tallados de motivos hindúes
alumbra la superficie de tu pequeño mundo de fantasía.
Y no eres nada allí afuera y no eres nada en ninguna parte,
y no hay nadie que suprima palabras a tus poemas,
y si alguien habría no se lo permitirías.
No se puede suprimir nada de lo que ha surgido,
es intocable el poema de la tarde.
Ingieres la bebida caliente, transpiras tu tibia transpiración
que cae de tus axilas marcando un surco acuoso en tus costillas.
La espalda encorvada como un anciano, los hombros un tanto caídos,
las blancas piernas entrecruzadas debajo de la mesa.
Pesadumbre veraniega, y aún así brilla la blanca azúcar
en la taza celeste y brilla la cuchara de metal
incrustada en el azúcar.
Las verdes plantas inertes reposan en sus macetas.
Decoran las mesas inertes de madera.
Los grandes muebles ocupan el espacio y los portarretratos
encierran inconscientes escenas de un pasado remoto.
La ropa limpia y seca y doblada prolijamente
también reposa inerte como las verdes plantas.
¿Y dónde está la vida aquí?
Sólo los pájaros parecen estar vivos en rededor.
Bajan rápida y diestramente desde una grisácea pared
hasta el pasto húmedo y rastrean lombrices para
poderlas comer.
Esa es toda la vida que uno puede hallar
si se sienta en silencio a contemplar.
¿Y será el azar el que me condujo aquí
y a este escenario?
¿O seré yo que, inconsciente, dejé que el tiempo
me ubicara aquí, en esta silla y rodeado
de pesadumbre?
Ya es un poco tarde para cambiar la dirección
de ciertos cruciales caminos.

 


 

 El Pueblo de las Sombras

Guarda las más extravagantes revelaciones para tu intimidad.
Brindas acercamientos, pero son acercamientos filtrados,
y los filtros rebosan de ensueños.
En esos ensueños pierdes tu identidad,
y luego la forjas nuevamente para enfrentar el nuevo día.
Identidad forjada a fuerza de penetración,
de ahondamiento, de hundimiento en el pozo ciego de tu interior.
Guarda las más puras disquisiciones para ti.
Guarda la mansa locura para ti.
Guarda los descubrimientos de las veladas para ti.
Largas veladas calurosas y humeantes.
Guarda lo que encierran los libros viejos para ti.
De lo inanimado has hecho un mundo,
ahora lo animado aguarda tu presencia.
De Conrad me quedó esta certeza;
que la línea de sombra que separa mi primera juventud
de mi presente es real ahora.
Ya se ha ido lo que ha sido tu vida hasta ahora.
No puedes continuar amarrándolo; es pasado.
Debes poner un nuevo empapelado en esa puerta
de armario repleta de fotografías de antaño.
Y para conseguir el nuevo empapelado debes poner empeño,
empeño en continuar andando y en poder despedirte
definitivamente de aquellas viejas tierras colmadas de ausencias.
Están vacías ahora, sólo hay sombras en aquel paisaje.
¡Despídete! Encarna nuevamente al viajero que has sido
en los buenos tiempos. Nuevos pueblos aguardan nuevas
vivencias. Los paisajes se suceden, las estaciones pasan
y tú debes proseguir tu viaje.
¡Despídete del Pueblo de las Sombras!



 

 Aquí hay y aquí no hay


Lo mejor siempre está aun por venir.
No leas mis viejos poemas,
lee de alguna manera los que han de venir
y que todavía no han sido escritos.
Mi cerebro se amoldará,
todas las piezas encajarán,
y ejércitos de palabras surgirán.
Acomodadas en líneas rectas,
rectángulos blancos cubiertos
de graciosas líneas azules
colmadas y repletas de palitos,
sí, pequeños finos palos estirados
en extrañas direcciones que revelan algo,
pero no es mi ciencia saber qué
demonios revelan las desviaciones de los
palitos estirados de mis palabras azules.
La obra de un inglés fue calificada como
Realismo Cotidiano, y a mí me gustó la definición
y mi obra también es realista y cotidiana.
Viajo en subte como cualquier mortal
ciudadano de las modernas urbes.
Miro fijamente a los ojos a todos,
a pobres y ricos, a hombres y mujeres,
a niños y niñas, a empleados y a jefes,
a los del medio, a los de abajo y a los de arriba.
Aquí no hay aristocracia, aquí hay una debilitada
burguesía, aquí hay pobres en demasía,
y yo me sumo a esas filas.
Aquí no hay escritores como los escritores de antaño,
aquí no hay largos e intensos viajes por Europa,
aquí no hay mecenas ni ninguna ley aceptable de mecenazgo.
Yo seré un viejo loco mecenas
cuando sea viejo y loco.
Pero seré un loco tranquilo,
con panza y un andar meditabundo.
Aquí no hay históricas reuniones,
aquí no pueden reunirse en una tarde
Maugham, Churchill y Wells,
aquí no hay esa clase de personajes.
Aquí no hay Eruditas Conversaciones,
aquí no hay noches de fogoso sexo,
aquí no hay (y me refiero a mi cobijo)
ni marihuana ni contemplación extraña
compartida con una bella mujer.
Aquí no hay amor ni hay odio,
aquí hay un vulgar Paso del Tiempo,
aquí hay promesas y sólo promesas,
aquí hay buenos simples y risueños amigos
de infancia que vagabundean por plazas
y bares y barrios tranquilos como mi barrio
de la infancia.
Allí hay viejos cortadores de pasto
como Don Ramón, allí había y aún hay
viejas chismosas en todas las esquinas
y jóvenes chistosos y bromistas
sin un miserable ápice de Cultura General,
aquí no es Inglaterra, ni Francia, ni Alemania
ni los Estados Unidos de América, aquí estamos
en las Provincias Unidas del Sur, tierras arrasadas
y sufridas y condenadas desde el cielo desde siempre
y para siempre.
Aquí hay avidez de vida, aquí hay un joven alerta,
aquí hay historia encerrada en un humilde cobijo
en las Tierras del Sur.
Aquí hay pasión y hay promesas,
y aquí habrá revuelo y habrá diversión
y habrá un resurgimiento.

 


 

De la sed que ansía ser saciada

Los objetos acumulados no pueden saciarme,
pues mi sed no es sed de objetos.
Las frases sabias acumuladas no pueden saciarme,
pues mi sed no es sed de palabras.
Sólo la aventura, sólo el divertirme pueden saciarme.
Escribir esto me sacia sólo por unos instantes.
Los que hallen a Dios, sacíense con Él,
parece ser que todavía yo no lo he encontrado.