(a Maia y Mariano)

Soñe con otro país
para ustedes, hijos mios
un país donde nadie mezquine
el chocolate
un país donde la sopa fuera fiesta
un país donde todos coman caramelos
El país real
anda lejos de mis sueños
un hedor a traición todo lo invade
Por ustedes
y los demas niños seguiré soñando

El dulce de leche - hijos mios -
nunca baja las banderas.

 

Carlos Carbone

 


 

Del libro "El Tulipan de las Ruinas"

RAPSODIA CUARTA
La identidad debajo de las huellas perdidas

 

La identidad después de la guerra

A los 500 hijos de desaparecidos
en la última dictadura militar argentina
que viven en la mentira, sin identidad.

I


Mucho antes de que el bombardeo nos lloviera
con sus pesadas lenguas de pólvora y de fuego,
la Patagonia, la Puna, Antofagasta,
eran del pueblo derrotado.
Emergieron de las quijotescas olas los cuerpos
de aquellos muertos que suplieron
el dolor flemático del mártir
y las simientes del coliseo y la barbarie,
donde fueron crucificados y manchados de sangre
sus sacerdocios.

El hombre camina con una gran lupa en el vientre,
buscando la orfandad de las llanuras y de los descampados
donde el agua es el alfa, el movimiento y el fin,
donde aún hay espacio para apoyar una roca de musgo
y un pichón de nutria que tiembla y sacude sus pestañas,
donde en la escarcha quebrada se escucha el silbido de Audhumla,
donde del pecho se raja un Tequendama de palabras consumidas
¡dónde yo lamo el aire para crear tu pelo y tus desgracias!

II

El mar es un barco funerario bastante artístico.
En él se pierden las huellas y las expiraciones
del horticultor que aró el camino
cuando la niebla dormía y pululaba tormentas.

La identidad se encuentra bajo las huellas del silencio;
basta contemplarlas y recordar al gitano que reía tan diabólicamente
y se colgaba en el pecho las mandíbulas aún verdes de sus nietos,
¡dónde el sol, la luna y los planetas viajaban en un carro mal labrado
para avistar la bóveda dónde sus hijos eran sepultados!

Los dioses lloraron por el pueblo; eran treinta mil los que lloraban
con la boca y los ojos abiertos a la eternidad y a la victoria.

Venceré. Venceré. Venceré”,
bramaba un niño en el vientre de su madre

y las escorias le mordieron sus pies para que calle.

“Venceré, venceré”, la voz del feto se hizo eco en los hogares

y en la mesa donde estaban tendidos los almuerzos.

VENCERÉ. VENCERÉ. VENCERÉ.

Los Dioses lloraban y de sus llantos manaron
manantiales y riscos,
acantilados y montañas.

Ellos fueron los guardianes de la identidad y del no-olvido.
Todos fueron los heridos. Todos.
No hubo invictos en la guerra.
Hubo de ser contemplada las líneas de la arena
para encontrar la huella
y debajo, apelmazada, la identidad dormida.
Hubo de ser escuchado el zumbido de las moscas
para entender que no nos acorralaban las pirañas ni las hiedras.
Hubo de levantarse una cruz tan alta como el mar cuando mira de lejos
para no sentir el miedo tiritando de frío en nuestras bocas.

Las huellas las tenemos guardadas en los bolsillos roídos
de la memoria y la palabra.

III

Ay, una valquiria blanca como una pompa de algodón
hace sonar a un cuerno;
su sonido me ahoga y estremece;
sus ríos de silencio no se secan
hasta el anochecer.
Tenemos tiempo.

Yo he visto entrar y salir al halcón con su bonete rojo
de su guarida, vestido de mostaza
y guarnecido hasta los tobillos.

Los sedimentos de sus manos tienen huellas.
Los ojos que dejó tendidos en el Olimpo tienen huellas.

 

Predicciones (IV)

Desde la niebla del pasado, las sombras del futuro se agitan,
se embeben de esperanzas, aúllan como lobos, chirrían como buitres,
vuelan en espiral sobre las cenizas y se lamentan:
“¡Las flores tienen dueño! ¡Qué tristeza!”
Auguran y dibujan en el caracol luminoso del oráculo
a un hombre, un hombre calvo, cautivo, meditabundo, solitario,
un hombre-mujer que llenará un tonel profundo y negro como tumba
con esa sangre mercenaria, esa obsesión clandestina,
esas mentiras de guerra
que lijaron con nuestros huesos el dintel de nuestros hogares
y se vistieron con nuestras mejores camisas,
y nos humillaron...
nos humillaron bebiendo de nuestra propia carne
durmiendo en nuestro propio lecho
usando nuestros propios cuchillos
jugando al poli con nuestros propios perros.

Un hombre-mujer, un hombre-niño que hará surgir de las lágrimas
un nuevo arrullo,
una nueva aurora
y un nuevo comienzo.

Las sombras de la noche tienen nombre y vida,
se llaman Ángel de la Guarda y nos protegen del nuevo día.
Las sombras de la noche nos ofrecen nuevos porvenires
y esculpen en la tierra abejitas y ovejitas que pastan en el polvo,
que habrán de arrodillarse ante el mar y rezarán entre balidos:
“Qué regresen ¡oh, Señor! las aguas sagradas de Urdr,
aguas de misericordia y de esperanza,
donde el tiempo rasca sus gasas de eternidad
sobre la herida del pueblo, ¡abierta como nubes preñadas!
¡derramada como plumas que patean!
¡Aguas de Urdr, dónde el adulador no cabe con su panza de oro,
y el asesino da un vuelco echo trizas!”

Acusaciones (IV)

¡Qué se pueble de ecos la memoria!
¡Qué el gladiador avance cantando la trova
de nuestra historia TAN callada!

(un torrencial chirría mientras grito)
“¡Yo acuso! ¡Los acuso!”
¡Son los verdugos los que han roto el arco iris
con sus piraguas de acero
y sus patas de palo corroídas por la lluvia!

CORO: “No podemos detenernos, hermanos.
¡Para vencer hay que volar,
para volar hay que extender los deseos
de nuestras alas heridas!”

 

Amalia Ines Gieschen


 

Mis tierras

 

Tengo erosionadas mis montañas;
los caudales de mis ríos, bifurcados.
Tengo lava ardiente en los volcanes
que explota destruyendo mis poblados.
Tengo algunas ramas color ocre
y capullos de rosa disecados;
las manos agrietadas cual sequía
y un desierto de sal entre los labios.
Tengo un lodosal entre las venas
con cascadas que brotan supurando.
Tengo un huracán en los pulmones;
maremotos que en los ojos ven su llanto.

Pero tengo el sol naciente que renueva;
la semilla que al pudrirse da sus frutos.
Abundante es la llovizna que refresca
y los brotes que se abren a mi abrazo.
Tengo el arcoiris que ilumina
y los astros, los planetas van guiando.
Pero más que todo esto yo poseo
las entrañas con el néctar de la vida
pues lo que una vez vivió
no perece en un crepúsculo,
sino vuelve a gestarse como un niño
que con profundo amor es engendrado...

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Fuga


La casa vacía;
un cuerpo joven
-entrañas enmohecidas-
de opaco verde
en una silla.

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Vespertino gris

Cuando tardes como esta
me persignan con sus gotas,
me abueno como un ángel
y espero en algún bar
el evidente ocaso
de mi ansiedad.

 

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Última Relación

I

Estación de trenes:
testigo omnipresente,
actriz de reparto,
velorio del muerto,
cuna del nacido.

II

Acaricio el cielo:
hebras de pañuelo
sudando adiós.

III

Aquél tren humeante
se desliza.
Escombros azules, grises,
felices y quejosos
voluntariamente parten
y duelen...

IV

Otros vagones
acuden.
Otro destino
espera.

 

Carla Monteverde

 


 

De niño miraba el funeral de todos los labios
Con el dolor de una iglesia de pueblo supe que no era un niño antiguo
Y mi madre se miraba las venas antes de hornear el pan
El ojo de buey demostraba al interior de la casa
El afuera
afuera
yo miraba ese ojo de buey
Sin coraje a entrar a la casa por vergüenza de ser poco
cuando mis manos en los bolsillos del pantalón
Silbando en apuro el espejo no existía por mis zapatos sin cordones
evitaba algo demasiado hermoso
Insoportable en mi los días lluviosos sin ese afuera
Mi madre cortaba leña roja
Y le daba su pecho bajo la garúa inmóvil
Yo creí demasiado hermoso la única puerta de la casa que no se podía abrir
Y siempre bajaba la cabeza
Nunca supe una habitación vacía
mi dedo por el borde del ojo de buey
Para salvar cada vez menos todo
Y el funeral de los grillos al fin fue en mis labios
Y no pude olvidarme de mi nunca
No lo supe
esa puerta salvo algo.
¿Quien se lo habrá agradecido después?
Mucho después


A mi Padre Hector Oscar Radío 10/06/03 10:53 am

 

Diego, Radío

 


 

Yo sé que estás ahí

Yo sé que estás ahí,
atrapada en el vértigo que desnuda al miedo,
corazón de fuego que no se aviene a vivir sin jaula,
amazona de honduras que no existen.
Estás ahí.
Entre dunas que humean soledad
y recuerdos que congelan las venas,
escuchando trompetas de silencio,
como si el tiempo fuera un reloj parado
y el mundo aún permaneciera quieto
sobre el eje invisible de un andamio.
Estás ahí,
anclada en una taquicardia lenta
de ánfora cineraria,
derrochando féretros de angustia
y sepulcros de tristeza,
viendo discurrir la vida
desde el ojo tuerto
de un ciprés enfermo.

Estás tan dentro del crepúsculo
que todo te parece noche
y las sombras te miran
con la herrumbre ciega
de una vieja calavera.
Es tanta la feria de amargura
que te roe por dentro los huesos
que ya no quedan sótanos vacíos,
en el interior del tuétano,
para esconder las penas
y ahogar la voz de los espectros.

Pero no pienses que siempre será así,
con hielos que atraviesan la tarde
y pájaros sin alas que no cantan.
Algún día saldrá el sol para ti
con su risa bordada de amarillo infinito
y el verso azul de un horizonte nuevo
prendido en el ojal de la solapa.

 

Noviembre 2002© Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España.

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Tal vez

Tal vez dentro sólo haya
un cadáver que va a morir,
una voz que humea sombras
desde la lentitud del silencio
y excava en las heces del dolor
una tumba llena de sílabas.

Hoy se balancea la luz
como una soga y el viento trata
de asesinar sirenas que nadan del revés,
ninfas flacas como una escoba
que escalan muros hacia abajo
y se bañan vestidas
en los sueños del poeta.

Ya sé que no existes,
que no hay nudos de fuego
en tu cintura
ni árboles que crezcan
con las raíces hacia el cielo.
Ya sé que todo es diferente
a cómo lo pensamos,
que hay clocas que huelen
peor que un lirio enfermo
y estrellas que lucen canas
de hielo blanco en la nariz,
pero no importa, te necesito
así, como una espátula de luz
que sabe a otoño y reparte
en su mirada el horizonte.

 

© Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España.


 

A la muerte de la cajera del supermecado

A Andrea Juan

“Te dormiste, sin saber que te haría
un lugar en mis versos...”

Gladys Lopreto

 

Desde su taburete
dígitos de azucena
                              vuelcan
la cifra en el teclado de la registradora
                              y van
y vienen
             recorren etiquetas
esas manos

destinadas al canje del instante.

La cajera del supermercado
cabellos de azafrán
deja en el ticket su perfume
su trigal
su casi mayoría de edad
el valor de su piel y de su vientre.

Ausente la doncella en la moneda
da el vuelto en caramelos
muchacha apenas madre
                 sola madre
por el escaso tiempo que dura la luna
en el estante
de la sección juguetes.

Andrea Juan
                   dicen que no marcaste un precio
                   dicen que te olvidaste de marcar
el precio de tus días
tu cabellera pan de miel y tu sonrisa
la austera longitud de tu almanaque.

Andrea Juan
                   dicen que te guardaste un vuelto
y vino la muerte a reclamarlo
intempestivamente
anónima cliente
metida en tu costado.

Andrea Juan
                   cuánto vale tu historia
tu dolida inocencia
muchacha apenas madre
                 sola madre
cuánto
en este viernes santo
en que enjugo el rocío de tus ojos
crucificados
por la máquina torpe
de calcular la vida.

 

Goslino, Horacio


 

Crimen

No fue sino un puñadito
de ternura
ensangrentada
lo que entre seis
maderas despintadas
ofrendaron a la memoria.

 

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Preguntas


Por qué azul se duele la inocencia.

Por qué agudos metales desteñidos
se mueren sin saberlo los de abajo.

Por qué gris destierro que no acaba
muerde su impotencia cada regreso.

Por qué bandera sobre Medio Oriente
la codicia más voraz se enseñorea.

Por qué amarillos intersticios llueven
cuchillos y lamentos y estertores.

Por qué Dios la pura savia del planeta
se ha vuelto trágicamente oscura.

Por qué mordeduras, hordas, maldiciones,
el mundo ha extraviado la hombría.

Por qué impunidad el imperio blande,
multiplica la muerte a su antojo.

Por qué treinta dineros un incesante
coro alaba cada dictadorzuelo.

Por qué furtiva vocación reptante
los hermanos ofrecieron las espaldas.

Por qué Supremo Tribunal la masacre
es amparada en la Ley del Más Fuerte.

Por qué razón la minoría gobierna
para un selecto club de cajas fuertes.

Por qué se roban el destino del mundo.
Por qué todos nosotros, ahora nada

 

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Carta Abierta a Su Majestad Imperial

Si cree
Su Ilustrísima Graciosa Majestad
que son semillas al viento
los bombardeos en nombre de la paz
                                            ... se equivoca.


No son nada más que estallidos,
esquirlas guillotina,
lava teledirigida.

Luego el hueso corroído por el ácido
se hunde en el polvo y punto.
Entre los escombros
a veces crece una flor marchita.

Nada más.
Salvo, claro, el odio
de huérfanos y viudas.

Explíqueles Usted,
Su Alta Graciosísima Señoría,
a los niños de Bagdad o Afganistán
eso del Bien y el Nuevo Orden Mundial.

Las bombas son simplemente bombas
que se sirven del futuro.
Aunque tenga Usted
Su Excelencia Imperial,
una visión un tanto parcial de su significado.

Sólo multiplican osarios,
escombros
rezos jurándose venganza.

Pruebe con quedarse en su casa,
los libros suelen ser muy útiles.
O vaya a pasear a lo de su tía
que le comentará lo que dicen los vecinos
de su Ilustrísimo Sobrino.

Pero quítese esa idea de la cabeza.
Las cuentas nunca cierran con violencia.
Aunque Usted piense lo contrario.

La paz es una sencilla cuestión de semejantes.

 

Impaglione, Gabriel

 


 

(Poema a dos ritmos)


Está demostrado que el guante más blanco
nos marca las huellas que dan detección:
ayer los golpistas, arreando a un malón
voltearon a un hombre por débil y opaco.

Pero el propio De la Rúa
traicionando a su partido
quedó muerto o mal herido
y debió emprender la fuga.

La gente en su angustia batió cacerolas
después de sufrir atropellos y olvidos,
pero hubo infiltrados pasados de vivos
que usaron al pueblo, haciéndole olas.

Ya no hay quien los pare
a los pobres con hambre:
no hay palos ni alambres
que al pueblo lo encaren.

Las fuerzas armadas golpearon gobiernos
instadas por lobbys de causas mezquinas,
y ahora los pobres que no se acoquinan,
salieron furiosos a huir del infierno.

Nuestra pobre democracia
bastardeada desde adentro,
va perdiendo su sustento
al volverse cleptocracia.

Se fue De la Rúa y a Saá lo escracharon,
y ahora está dicho que eligen a Duhalde,
más todo es igual y por eso es en balde
creer que los pobres la paz encontraron.

No habrá una revolución
social desde la derecha
pues ésta no deja brecha
abierta para esa opción.

 

Diciembre 2.001 - Enero 2.002

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           Terrorismo de estado

Los gajos de árbol de nuestra Argentina
sintieron quebrarse en aquel vendaval.
Más hubo valientes que hicieron del mal,
su ruta de lucha, que luego los digna
salvando a la patria del golpe mortal.

La patria moría en las manos suicidas
de aquellos piratas que tanto robaron
y a muchos muchachos patriotas mataron
por ser acusados de hacer de sus vidas
la lucha valiente que siempre buscaron.

Secuestros y muertes rondaban esquinas,
buscando a los hombres de clara postura,
y luego en la celda de horrible tortura
sangraban mordiendo el dolor y la inquina
a manos de buitres que hicieron locuras.

Miles de muchachas con hijo en el vientre
sufrieron secuestros de un gran criminal.
Después las llevaban con rumbo al penal
a alumbrar a ese hijo en la celda silente
y más tarde apropiarlo como hijo carnal.

Se alzaron con niños, sus madres mataron,
tiraron al agua a los hombres con vida;
por eso es preciso no hacerse suicida
entrando en el juego que algunos soñaron
de hallar en los golpes, la buena salida.

 

16/02/2.002
Herminio Enrique Ludi - Viale - Entre Río

 


 

                         Noche


Toda noche es un fuego robado a los dioses.
La palabra es la condena ígnea de la estirpe.
Los buitres son amanuenses de la eternidad.

¿Hay una raiz que sostiene al pensamiento
o un ancla que detiene al infinito?.
hay pensamientos como sueños e infinitos como huellas.
La palabra crea un sueño como raiz:
la palabra es un templo donde orar al abismo.
En ese sueño el hombre le muerde los senos a la luna
y se embriaga de universo.

Mientras, el culto a la noche, siempre
agazapado, canta sus últimas oraciones:
el tatuaje del viento
borda su gesto en la intuicion del horizonte.



Adrián Gale

 


 

La sospecha

Contra toda suposición, estoy vivo.
En el muro, las codiciadas bestias se conjuran.
Saben orillar el epitelio del miedo,
saben multiplicar la adrenalina de la noche.
Pero aquí estoy, esperando...
Bésame el corazón con el bisturí del ansia.

 

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El veneno eficaz

Tu sutil olvido,
las madrugadas de Caracas,
la Cañada en la ciudad de la espuma,
aquella mirada en el vaporeto frente al Rialto,
tu nombre estampado, contaminando un poema,
la soledad en taxi por la Concorde,
el otoño imprimiendo lascivia de Parque Lezama,
este inquieto desamor que no cesa,
la diferencia entre cóncavo y convexo,
el vuelo del ave en la caída de la muerte,
la mendicidad de las utopías,
mis manos, si toman mis manos
y los amigos poetas
que me absuelven la agonía
y el infame licor
que imprime en las arterias su signo
y la palabra que callo
me envenena.

 

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A tu lado


La humedad de un instante premonitorio
la precisa combinación de los números y de los astros
el ligamento extenso de la noche que nos espera
una colmena en la serenidad de los olvidos
este latido familiar que augura la tregua
y el silencio de las cosas
que me anuncian
a tu lado.


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Rogelio Pizzi nació en Córdoba, en 1956.
En 1997, Ed. Vinciguerra publicó su poemario "Poema previo", en Buenos Aires.
Recibió mención del "Premio de Literatura de Córdoba" en 1997 y del "Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos de Nueva York", en 1998.
Invitado al Festival Latinoamericano de Poesía de Rosario, en 1999.
Poemas suyos integran las antologías "Poesía Argentina de Fin de Siglo". Ed. Vinciguerra y "Córdoba Poética Siglo XX", Ediciones del Fundador.
Plaquetas editadas: "Del pétalo diverso" y "Breve Idolatría", junto al poeta Leandro Calle.
Mención en el Primer Concurso Iberoamericano de Poesía "Neruda 2000", Temuco, Chile. Seleccionado entre 640 poetas de América y Europa, por un jurado integrado por Gonzalo Rojas, Miguel Arteche y Jorge Boccanera.

 


 

           Amigo

amigo que siempre estás
conmigo , gracias por ser
como sos
amigo mío que no importa
como estés , siempre te
alegra
amigo que te ayuda en
las buenas y las malas
gracias por estar siempre
amigo , compañero,
hermano , gracias por
ser como sos

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Cielito

"A Erika"


Cielito lindo que con
tu hermoso color celeste
iluminas el corazon de
la tierra , que con tus
estrellas le das paz y
esperanza a la gente
que no tiene nada
Cielito que siempre estas
presente cuando la gente
te necesita , dame la esperanza
que siempre tenes y que nunca
dejas de dar
Cielito de la esperanza
ayuda a la gente a encontrar
en vos la paz que necesita.

 

BRUNO

 


 

Él no está, o a lo mejor no sé

Quedaron las fotografías
con su sonrisa inmóvil.
En los estantes hay caracoles,
piedras, jarros,ceniceros
que reposan cansados.
Su armario enmudeció vacío.
Su cama se volvió una tabla rígida.
Florecidos, sus dos rosales viven
la diminuta historia del balcón.

Pero él no está,
o a lo mejor está y no sé.

de "Paternidad de sombra"

 

Wenceslao Maldonado

 


 

Poeta

Poeta que sensibilizas corazones
Poeta que descubres la magia de las palabras,
y que la usas para mostrar la belleza de las mismas.
Poeta que miras con ojos de luz,
resaltando la hermosura de las pequeñas cosas.
Poeta apasionado, poeta romántico,
poeta soñador.
Poeta que crees en el AMOR VERDADERO.
Poeta que vives por el amor y para el amor.
Poeta que haces renacer la alegría, la ilusión, los sueños.
Poeta que intentas enseñar la mejor forma de vivir,
AMANDO.
Poeta que emocionas con tus versos.
Poeta que logras paz en la guerra,
alegría en la tristeza,
luz en la oscuridad.
Poeta que trasciendes tiempos, tus poesías
se mantendrán por siempre.
Poeta que me elevas a otro mundo.
POETAS, SERES ÚNICOS, MÁGICOS,
SEPAN LLEVAR LA POESÍA ETERNAMENTE.

 

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Amor Puro

Asi era nuestro amor.
Dos corazones que latían
a la distancia,
Dos corazones que buscaban
en la infinita distancia
la eterna felicidad.
Dos almas, dos mentes,
buscándose, extrañándose, soñándose.
Sentimientos extremos, arrebatadora pasión,
majestuosos deseos de unión.
Así era nuestro amor.
Sin interés o sensualidad,
palabras que viajaban en el tiempo,
golpeando fuerte el pecho, diciendo:
¡TE AMO!.
Es en estos días de infinita tristeza
cuando recuerdo NUESTRO AMOR...
Cartas que llevaré en el corazón por siempre
palabras que aliviarán mi dolor.
Dos figuras y un amor que prevalecerá...
en el tiempo, en la distancia, en la muerte.
Amor Verdadero
Amor Infinito
Amor Puro
Asi era nuestro amor.

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Un Brindis...

Un Brindis porque perdí al amor de mi vida
Un Brindis por los sueños deshechos
Un Brindis por la magia y la pasión extinguidas
Un Brindis por los besos, caricias y abrazos que no volverán
Un Brindis por ser, existir, vivir, habiendo perdido la razón por la cual hacerlo
Un Brindis por la asfixiante soledad
Un Brindis por el desgano eterno
Un Brindis por los dias y noches de pensamientos, sin llegar a ningún lugar
Un Brindis por la enorme tristeza y depresión que llenan mi ser
Un Brindis porque perdí al amor de mi vida

 

Ariel Hernán Napolí