El temblor de la mano en noviembre
Henrik Nordbrandt.
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Henrik Nordbrandt. Nace en Copenhague en 1945 donde en la universidad estudia lenguas orientales. Huyendo de la rigidez de la época, abandona su país y se traslada al sur de Europa. En 1966 publica Digte (Poemas), pero su confirmación como poeta de las letras danesas llega en 1974 con Opbrud og uppbrott (Partidas y llegadas).
Su poesía destaca por un clasicismo que integra el exotismo y la cultura oriental con el tema del viaje como fondo. En el itinerario aparecen el amor y la soledad tratados con sensualidad y melancolía. El lenguaje mezcla lo cotidiano de la existencia y el misterio de su interpretación con el gusto por la paradoja y la ironía como elementos que desdibujan el drama de la existencia humana.
El temblor de la mano en noviembre (1986) se compone de unos noventa epigramas líricos de cuatro versos, escritos en un mes que resume el dolor del mundo. Para el poeta, la vida es un cuarto oscuro en el que avanzamos a tientas, y noviembre, un tiempo de oscuridad donde constatamos lo inexplicable que no busca verdad alguna.
El poeta reflexiona sobre la libertad en unos poemas rectangulares que prueban que nuestro mundo cuadrado está derrumbándose. Escritos por la mano que se estremece con el recuerdo de las conversaciones y vivencias personales del autor, el libro muestra un paisaje humano con la presencia de la vida ante nuestros ojos.
Selección:
Noviembre como plomo sobre formas informes de yeso plomizo.
Unas se reúnen en torno a pozos vacíos.
Otras trepan por altas escaleras, por altos muros infranqueables.
Sólo el sol es la tumba del último fallecido.
2
El año tiene 16 meses: noviembre
diciembre, enero, febrero, marzo, abril
mayo, junio, julio, agosto, septiembre
octubre, noviembre, noviembre, noviembre, noviembre.
3
Cuando el sol luce por fin en noviembre
luce con tal fuerza
que hasta los ciegos se sobresaltan
al oír el estruendo de sus sombras.
4
Este es un buen país para morir:
en medio de la llanura infinita hay una tienda de campaña.
La tienda está abierta a los cuatro puntos cardinales.
Tú no puedes pensar más allá del viento y las estrellas.
5
Así como una vez te encontré bajo las estrellas
en un portal vacío donde tus ropas flameaban
de manera que eras una nueva mujer a cada instante
pude finalmente ver cómo eras, bajo las estrellas.
6
En la corte del Sultán yo no era escanciador
sino uno de aquellos que lavaban los pies a los huéspedes.
Vi donde habían ido los otros y por eso
nunca levanté la mirada hacia nada que no fuesen estrellas.
NORDBRANDT, HENRIK